Entrada coro anécdotas 2 orgulloso de ser pastusoNo necesariamente la mención de una anécdota curiosa referida a una persona inconsciente, despistada o hilarantemente equivocada debe interpretarse como una burla. Todos sabemos que cuando uno se refiere a la tozudez de los aragoneses, a la tacañería de los catalanes o a la tosquedad de los bilbaínos solo se pretende deslizar un chiste inocuo y hasta en el fondo cariñoso. Permítasenos con esta convicción seguir aquí desgranando anécdotas que recordamos con afecto y nostalgia.
Teníamos noticia antigua por relatos de un colombiano que a los de San Juan de Pasto, pastusos, se les atribuían hazañas parecidas a las que aquí se asignaban a los de Lepe, leperos. Un relato sobre aquellos aseguraba que cuando un pastuso quería cambiar una bombilla fundida, llamaba a otros cuatro pastusos y colocaba una mesa debajo de la bombilla. Luego se encaramaba a ella y se aferraba a la bombilla al tiempo que los restantes pastusos, cada uno desde una esquina de la mesa, levantaban a pulso dicho mueble, electricista incluido, y lo giraban a izquierdas hasta que la bombilla quedaba totalmente desenroscada.
Cosa parecida, dentro de un orden, narran quienes asistieron al recital de Mariana en el Centro Cultural Fernando de los Ríos, de Aluche: el director del coro, que la iba a acompañar al piano, se sentó en la banqueta preparada al efecto y, notando que la distancia entre ella y el instrumento era excesiva, agarró firmemente el pesado piano y lo arrastró sin despeinarse hasta distancias más favorables. La banqueta debió sentirse orgullosa, de haber podido darse cuenta, de que su pequeñez prevaleció sobre la prepotencia física del piano.

Entrada coro anécdotas 2  centro comercial puerta de toledo
Totalmente diversas fueron las circunstancias de otra anécdota – que en su momento maldita la gracia que tuvo- pero, ya se sabe, la vida se encarga de dulcificar lo que en su origen fuera amargo o fruto de una ingenuidad lamentable haciéndolo hoy de ameno y hasta cómico recuerdo. La verdad es que quienes se aprovechan del descuido ajeno tienen estudiada a fondo la psicología de los grupos o individuos que eligen como víctimas. Por eso, cuando fuimos a actuar al Centro Comercial Puerta de Toledo no nos pareció extraño –aunque en realidad algo chocante la apariencia astrosa del individuo- que saliera a recibirnos y nos acompañara en nuestra búsqueda del local donde habíamos de ensayar y dejar nuestros enseres una amable persona que no dejó en ningún momento de conversar con nosotros. De esa manera quedó como si fuera parte indisoluble de nuestra coral.
El encargado de organización del Centro, después de cerrar el local, se quedó con la llave del mismo por elementales y habituales razones de seguridad mientras nosotros salíamos a actuar. El avispado personaje que nos recibió y nos acompañó aprovechó el momento de dicha actuación para acudir a dicho encargado con objeto de pedirle que le abriera la sala donde habíamos dejado todo so pretexto de que uno de los miembros del coro se había dejado unas partituras que necesitaba. El inteligente lector de estas líneas ya se habrá imaginado las intenciones del individuo que consiguió en tiempo récord pasar ante nosotros como empleado del Centro y ante el Centro como fiel acompañante de la Coral. El resultado fue el esperado: con exquisito esmero, el desvalijador, tan inteligente como amigo de lo ajeno, revisó todos los bolsos y carteras haciendo acopio de cuanto numerario halló a su alcance y dejando todo exactamente como estaba con insuperable rapidez y eficacia. Bien sabía él, aunque sin esas palabras, aquel adagio latino que reza: Res derelicta fit primi capientis (las cosas abandonadas son del primero que las coge).
Y, claro, cuando volvimos al camerino para cambiarnos y regresar a casa, el mencionado randa ya había desaparecido en el momento en que alguien descubrió que le habían aliviado el peso excesivo de su bolso y lo comunicó a todos los demás. Todos constataron la ausencia del contenido valioso que habían dejado en bolsos y bolsas, incluido el paraguas de Rafa que sirvió sin duda para que el descuidero llegase a sus cuarteles seco a pesar de la lluvia a más que con una bien trabajada paga extra.

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Y ya para terminar, y para que sean tres las anécdotas reseñadas, nos trasladaremos al precioso pueblo turolense de Rubielos de Mora donde a la sazón contraían matrimonio los dos recordados miembros de nuestra coral Carmen y Mark. Éste último, como buen escocés, iba ataviado con el tradicional Kilt, sus medias y su curran. Ya nos era conocida dicha tradición desde nuestro viaje a Escocia.
entrada coro anécdotas 2 mark 2En vano habíamos intentado todos, como ya es norma, tanto en la curiosidad de los ajenos a estas costumbres como en la custodia del secreto tradicional escocés, sonsacarle a Mark la prenda – o su ausencia- que usualmente se viste por debajo del kilt sin obtener más que la capciosa respuesta habitual entre los escoceses “Es falso que no se lleve nada bajo el kilt. Se lleva la gloria de Escocia”  . Por eso no es de extrañar que, más movidas por la curiosidad y el desafío de tamaño reto que por ninguna otra oscura razón, un aguerrido grupo, armado de indiscretos espejos y amparado por las distracciones propias de la celebración, intentara aproximar el espejo a los bajos del kilt.entrada coro anécdotas 2 mark 3 Quiso el destino inclemente que la operación se viera truncada a cuentas del alboroto causado cuando la portadora del retrovisor –o más bien del “supravisor”- más volcada en su objetivo que en el trayecto, no advirtiera la presencia de una voluminosa jardinera y, consiguientemente, tropezara estrepitosamente poniendo de manifiesto las aviesas intenciones de las curiosas.

entrada coro anécdotas 2 Edinburgo

(De todos modos, para que no quede todo resuelto en misterio, cualquier curioso lector puede informarse plenamente de ello en esta reveladora página, -y nunca mejor dicho lo de reveladora)

Y nada más por hoy. Únicamente un sincero agradecimiento a los autores del libro de nuestro vigésimo quinto aniversario que consignan sobria y fidedignamente estos y otros hechos. Y también, cómo no, una no menos sincera recomendación para que volváis a recordarlos leyendo otra vez en dicho libro aquellos fecundos y amables tiempos.

 
Otro día más anécdotas.

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