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Cantaremos hoy y mañana nuestro programa navideño en el Oratorio de Caballero de Gracia y en la parroquia La Cena del Señor de nuestro barrio, respectivamente. Llega pues el momento de la verdad en que tiene que mostrarse lo aprendido tras numerosos ensayos.

El protocolo tradicionalmente aceptado nos exige desearnos mucha mierda y también –según hemos descubierto recientemente- de acuerdo con el uso en inglés break a leg! , que nos rompamos una pierna. No son fáciles de explicar tan extrañas expresiones a no ser por la superstición aparentemente extendida entre artistas de que da mala suerte desearse buena suerte y por tanto, para desearse buena suerte hay que encontrar una expresión desfavorable, malsonante u ofensiva.

Aparte de eso, los entendidos dicen que una gran cantidad de excrementos de caballo era claro indicio de una numerosa asistencia de gente acomodada que acudía con sus carruajes para la actuación o bien era clara señal de que se desarrollaba un evento con público numeroso que podía servir para efectuar una representación artística con éxito de público asegurado.

En cuanto a romperse una pierna no está claro si es muestra de exceso de reverencias o de una continuada inclinación para recoger del suelo las monedas arrojadas como premio por el público.

De todas maneras, como nosotros no somos supersticiosos y confiamos más en nuestro buen hacer que en la suerte nos recordamos lo que ya sabemos.

Como ya hemos escuchado muchas veces a quienes nos suelen escuchar, tenemos tablas suficientes para no dejarnos llevar por el temor a posibles imprevistos. El éxito estriba en sabernos parte de un coro en el que cuenta la unión de todos más que el protagonismo de cada uno. Durante la actuación es fundamental la minuciosa colocación de las partituras a la altura adecuada para no perder un gesto de nuestra directora que sabe perfectamente lo que en cada momento tiene que aportar cada cuerda al conjunto de todos para que el resultado sea el que está perfectamente a nuestro alcance. Igualmente dice exactamente el momento ya ensayado de entradas, salidas, ritmo y  dinámica.

Mil veces se nos ha dicho que es básico el escuchar al resto de las voces para que quede claro que no expresamos solo la exactitud de las notas que cantamos cada uno sino que contribuimos a la armonía de un acorde, a la manifestación de una letra como un todo, al volumen sonoro total y a la secuencia de intervenciones por voces que percibe el auditorio.

Como sabemos bien en todos los grupos de aficionados, la seguridad de cada uno de los miembros del grupo no es igual para todos por más que fuera deseable que todos tuvieran la seguridad de cantar sin error ninguno cada obra que interpretamos. Por ello se hace imprescindible un enorme grado de humildad en reconocer las limitaciones que cada uno de nosotros  conocemos acerca de nuestras posibilidades. Eso debe traducirse en saber con precisión las entradas que no somos capaces de efectuar con exactitud, las notas en las que solemos fallar, la pronunciación de las letras en que nos equivocamos, las frases en que no nos da la capacidad pulmonar para llegar al fin sin tomas intermedias de aire y las notas a las que no llegamos con precisión.

Resumiendo: en el momento de una actuación ya no tenemos nada que demostrar individualmente y por eso sobra cualquier pretensión de protagonismo. Hay que cantar como si formáramos parte del auditorio al que no llega ninguna impresión individual que no quiera imponerse sobre la de todos los demás. Quiere esto decir que uno puede llegar cansado, con problemas personales, con falta de confianza o incluso con excesivo entusiasmo, pero, en todo caso, nada de ello será decisivo mientras seamos conscientes de que somos nada más una gota, imprescindible sí, pero limitada al efecto global del océano al que pertenecemos.

Podemos elaborar a bote pronto un buen decálogo que cada uno podría individualizar y ampliar fácilmente:

  1. Confianza equidistante del desánimo y de la arrogancia.
  2. Concentración en lo que hacemos sin aislarse de lo que hacen los demás.
  3. Postura relajada y expresiva adecuada para mirar sin esfuerzo a la directora y seguir la partitura.
  4. Ser conscientes de que no arrastramos a todos sino que somos parte de ese todo.
  5. Pronunciar con exactitud lo que decimos.
  6. Caminar diciendo frases y no sílabas.
  7. Limitar el volumen o incluso callarse cuando no se está seguro.
  8. Huir de cualquier protagonismo sin descargar la responsabilidad en los demás.
  9. Escucharse siempre.
  10. Ser más objetivos que subjetivos.

Cantemos pues dispuestos a mejorar lo no poco que hasta aquí llevamos hecho.

Nos desearemos lo mejor :

Mucha suerte, feliz entrada a quienes se estrenan y que nos salga todo  como nos merecemos.

Tras las dos actuaciones volveremos.

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