PARROQUIA SANTO CRISTO DEL OLIVAR

C/ Cañizares, 4 – Sábado 8 de febrero de 2014 a las 20.30 horas

ASOCIACIÓN CORAL CIUDAD DE LOS POETAS

CORAL STELLARUM

Este es el registro de nuestra próxima actuación según el calendario de eventos de la Federación Coral Madrileña. Nos enfrentamos en ella a un reto considerable, dado que nos hemos visto forzados, por motivos de tiempo disponible para ensayos, a elegir un repertorio centrado en la música del Renacimiento tardío.  Si en su momento tenemos que interpretarlo más completo en la Sinagoga del Tránsito en Toledo o en algún otro escenario de similares características no habrá que preocuparse  por la  capacidad de interés del público hacia ese tipo de música, puesto que los que asisten a estas actuaciones saben bien el tema de que se trata. Sin embargo, en la actuación a que nos referimos ahora está claro que los que asisten van a escucharnos en un contexto previsible de música actual entretenida. Corremos pues el riesgo de –según la expresión gráfica de alguno de nuestros compañeros- aburrir hasta a las ovejas. Si fuéramos unos estupendos intérpretes podríamos siempre ofrecer una cuidada interpretación de exquisita factura, sensibilidad y exactitud. Pero, dadas las limitaciones inevitables en grupos como el nuestro, tenemos que volcarnos en la sensibilidad proveniente de una interiorización previa de las obras que cantamos. Asunto difícil para quienes no se sientan capaces de recrear la época vivida, en cuanto a la música se refiere, hace quinientos años.

File-El_Greco_001San Mauricio

Lo cual es algo que siempre ha sucedido  en todas las épocas.Por ejemplo, en el campo de la pintura, Felipe II, empeñado en hacer del Monasterio del Escorial la mejor pinacoteca de la época, encargó al Greco, considerado como uno de los mejores pintores de entonces,  un par de cuadros para completar su colección. El Greco, que deseaba hacerse con el favor del rey, accedió inmediatamente y  pintó entonces su Martirio de San Mauricio y El sueño de Felipe II, que se conservan todavía hoy en dicho Monasterio. Según cuenta el cronista de la obra del Monasterio, Fray José de Sigüenza, al rey, incapaz de comprender la importante innovación que el estilo del pintor suponía entonces, no le gustaron los cuadros y ya no le encargó más.

DowlandCon objeto de ayudar a esa motivación de la sensibilidad interna recordamos clases de historia memorables que algunos hemos conocido en las que, el profesor, en lugar de situar la época comenzando por el rey de turno, las guerras o las grandes obras artísticas,  empezaba presentando a un ciudadano normal, representativo de los habitantes de la ciudad: lo que leía, lo que le preocupaba o sus expectativas.  La verdad es que el Renacimiento nos resulta tan lejano y tan apartado de nuestra situación actual que hay que hacer un verdadero esfuerzo de adaptación para sentirlo como propio. Quizás sea útil representarnos una calle céntrica, al estilo de las del Rastro madrileño o de Portobello en Londres donde un grupo musical presenta su espectáculo pregonando su mercancía:

“Nobles espectadores, estáis a punto de escuchar a cuatro extraños personajes: un gato, un cuco,  un perro y una lechuza alternando sus voces mientras un bajo les marca el paso”

O bien una actuación de un compositor interpretando en la corte un madrigal que cuenta los difíciles amores de alguien, perdidamente enamorado de una mujer indiferente:

“Vuelve, amor mío. Imploro ese favor tuyo que se niega a complacerme para poder verte, escucharte, tocarte, besarte y hasta morir contigo en el más dulce de las comunicaciones”

“Pena de esos ojos limpios y serenos que solo a mí se me muestran enfadados”

O quizás también desde el punto de vista  de la dama rechazada:

“Ardo de amor y ardo en vano”

O esa confidencia del sirviente que ve y calla las aventuras de su señora:

“Sé bien quién se lo está pasando bien, pero no puedo decir más. Sé bien quién es el favorito, pero por desgracia tengo que callarme. Mientras tanto veo que al final todo son saludos y despidos como si tal personaje fuera muy de fiar”.

O ese juego de un compositor que intenta con humor alabar a un incomparable cantor de tan incesante música como inamovible lugar de actuación: ¡Un grillo! O ese otro de quien imagina a alguien en un paisaje con un eco impresionante jugando a soltar frases para escuchar cómo se repite todo lo que dice. Naturalmente cada época tiene su peculiar sensibilidad para hacer música y arte con los temas que son de actualidad y, por supuesto, tiene su propio modo de expresarlo. Hoy día la realidad y la sensibilidad caminan por otros derroteros pero la humanidad sigue moviéndose por idénticos impulsos. Algunos indagamos en el pasado para que ese pasado siga iluminando la posible oscuridad del presente. En la próxima actuación tendremos una nueva oportunidad para intentarlo una vez más.

Podemos acabar con las palabras de Elvira Lindo:

“ Ya no hay dinero municipal para contratar a los músicos. Ni para el teatro … Pero seguiremos escribiendo, dibujando, creando, componiendo y actuando. Sacaremos de la necesidad virtud. Es de lo único de lo que estoy segura.”

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