Quizás debiéramos empezar pidiendo disculpas por un posible exceso de erudición que, muy probablemente, ni interesa demasiado a quien disfruta cantando sin más complicaciones que las que se derivan de la partitura que hay que interpretar  ni halla otro placer que el que su propio gusto o su experiencia le proporcionan.

Pero la realidad de las mismas partituras que interpretamos nos fuerza moderadamente a intentar profundizar en la historia de las mismas tal como nos permite el privilegio de la información actual suministrada por internet.

En efecto, nos parece positivo ahondar en la posibilidad de la emoción que  de la vista de los antiguos manuscritos y el esfuerzo exigido a los copistas y transcriptores antiguos se desprende.

Véanse, si no, estas portadas originales que tienen que ver con el tema de hoy:

220px-Autoridades 220px-Tesoro_Covarrubias Portada Rencifo. 9NB-ZTuubIkC Tesoro_Covarrubias portada-ensaladasLa Negrina original

 

Parece que la inmersión en la grafía, la ortografía, el diseño y el estilo en general que rezuman estas versiones pueden darnos luz sobre aspectos útiles para la interpretación de obras históricas profundamente enraizadas en su época.

En concreto, la misma palabra ensalada nos da pie para darnos cuenta de que, cuando cantamos La Negrina, de Mateo Flecha estamos refiriéndonos, según se deduce de las definiciones del  Arte Poética Española de Iván Díaz Rencifo o el del Diccionario de Covarrubias, a un revuelto de temas, idiomas y ambientes de importancia significativa en la época en que se compusieron.

Si nos fijamos en el texto completo de dicha obra notamos la mezcla de diferentes idiomas, diferentes temas, diferentes ambientes y sobre todo diferentes personajes de diferentes grupos. De entre estos grupos resaltamos el de los negros, colectivo marginal presente sobre todo por la colonización portuguesa como mano de obra esclava  y referente al cual se recoge o se elabora un cierto lenguaje criollo que comienza con gugurumbé.

Es curioso constatar que, lo mismo que hemos notado en los madrigales profanos Prado verde y florido o en Ojos claros, serenos, existe una presión religiosa que fuerza a reconvertir una posible laicidad del  tema en algo litúrgico cristiano. En el caso de las ensaladas aparece siempre al final de las mismas con un apéndice en latín que, a modo de moraleja o reflexión cristiana, intenta dejar bien claro que no se pretende salir del ámbito transcendente. En el caso de la Negrina consiste en unos Allelujas finales que en la versión que cantamos sustituyen a los compases ternarios del texto gallego“Florida estava la rosa,que o vento le volvía la folla”.

La Negrina original 3 La Negrina original 4

Es muy breve el fragmento que cantamos, pero es también muy válido para aportar al ámbito musical de la época del Greco un ejemplo de la música que por aquel entonces se interpretaba.

 

Terminaremos con una referencia a las fuentes que hemos consultado para este tema:

 

La palabra Ensalada en Arte Poética Española de Iván Díaz Rencifo, digitalizado en:

https://play.google.com/books/reader?id=9NB-ZTuubIkC&printsec=frontcover&output=reader&authuser=0&hl=es&pg=GBS.PR4

Y en Diccionario de Covarrubias:

http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/765/745/tesoro-de-la-lengua-castellana-o-espanola/

 

La negrina de Mateo Flecha el viejo:

Digitalizada con  todas las ensaladas en:

http://bibliotecadigital.palaumusica.org/cdm/compoundobject/collection/musimp/id/3998

 

El mejor análisis en:

http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:Llcgv-9CE74FCC-2565-45A0-991D-CEC240B61983&dsID=Renaixement.pdf

Otro análisis de todas las ensaladas en:

http://musicarenacentistaybarroca.wordpress.com/2013/12/19/las-ensaladas-de-mateo-flecha-el-viejo/

 

La letra completa de la obra es:

Cumplido es ya nuestro deseo
remediado es nuestro mal
cante el linaje humanal:
“Gloria in excelsis Deo”
pues Dios se ha hecho mortal.

No hay cosa igual
que querer hoy Dios nascer.
Gran plazer, ¡oh gran plazer!
Pues amana la gaznata:
“Cordero que al lobo mata
non más de verle nascer,
¿quien pensáis que deve ser?”

Pues que tan bien lo has chapado
dínos quien es esse tal.
Es el Verbo encarnado,
en la Virgen sin pecado,
sin pecado original.
Pues entona aquí, Pascual,
un cantar si Dios te dexa:

“N’Eulàlia vol gonella, Bernat,
n’Eulàlia vol gonella.
Ay, vol-la de palmella, Bernat,
amb u rossegall darrera, Bernat,
N’Eulàlia vol gonella”.

No nos cansemos, con plazer cantemos
pues Dios y hombre es ya nascido.
¿Qué hará aquel perdido Lucifer
pues que le quitó su ser
la Virgen, madre y esposa?
“Florida estava la rosa,
que o vento le volvía la folla”.

Caminemos y veremos
a Dios hecho ya mortal
¿qué diremos, qué cantemos
al que nos libró de mal,
y al alma de ser cativa?
¡Viva, viva, viva, viva!
canta tu y responderé:

“San Sabeya, gugurumbé,
alangandanga, gugurumbé”.
“Mantenga señor Joan Branca,
mantenga vossa merçé”.
¿Sabé como é ya nacido
aya em Berem,
un Niño muy garrido?
Sa muy ben, sa muy ben.
“Vamo a ver su nacimento,
Dios, pesebre echado está.
Sa contento. Vamo ayá.
¡Sú! Vení que ye verá.
Bonasa, bonasa.
Su camisoncico rondaro,
çagarano, çagarano.
Su sanico coyo roso.
Sa hermoso, sa hermoso,
çucar miendro ye verá.
Alangandanga gugurumbé.
San Sabeya, gugurumbé,
alangandanga, gugurumbé.

Alleluia, alleluia, alleluia.

 

 

Copiamos aquí también algunos datos útiles (Véase también http://es.wikipedia.org/wiki/Ensalada_%28m%C3%BAsica%29):

 
1)  de la página de la Coral Cristobal de Morales:

NEGRINA, LA

Compositor: 

Mateo Flecha

Fecha Compositor: 

1481-1533

País de origen: 

España

Estilo: 

Polifonía sacra

Folklore tradicional

Época: 

Renacimiento (s. XVI)

Compositor catalán. Se le denomina ‘el viejo’ para distinguirlo de su sobrino, Mateo Flecha, ‘el joven’. Fue maestro de capilla en varias casas nobles y monje de la orden del Císter, en el Monasterio del Poblet. Compuso varios villancicos, pero se le conoce más por sus composiciones llamadas ensaladas (La bombaLa negrina, etc.)

La ensalada es una composición a 4 ó 5 voces, concebida para divertimento de nobles y cortesanos. En el Renacimiento, tuvo gran éxito en las fiestas palaciegas. Característica de esta composición es que en el texto aparecen distintos idiomas. En La Negrina se observan varias lenguas: español, catalán, latín, gallego y criollo.

Vocabulario:

Amana: Prepara.

Gonella: Saya.

Palmella: Tela azul.

Rossegall: rastro del vestido (cola del vesetido).

 

2) Del blog del Periodista Digital:

“El autor de la obra es Mateo Flecha (?1481-?1553), maestro español nacido en Prades. Estudió en Barcelona y luego pasó a trabajar en la Catedral de Lérida, primero como cantor y luego como maestro de capilla. Como era habitual en la época, anduvo por distintos lugares. En 1537 era maestro de capilla de la Catedral de Sigüenza. Su puesto subió puesto que se hizo cargo de la música de las infantas de Castilla en Arévalo, puesto que dejó en 1548 quizá por al matrimonio de la infanta María con Maximiliano de Austria. No hay muchos más datos de su biografía, bastante desconocida.

Mateo Flecha desarrolló un género conocido como el de la “Ensalada”, de la que hoy te traigo un fragmento de una de ellas titulada La Negrina. Como indica su título, una ensalada es un género en el que se mezclan distintos tipos de música, de melodías y de lenguas. En el caso de Flecha, suele usar el castellano, el catalán, el latín y otras. Parece ser que Flecha compuso las suyas en un periodo de 10 años, entre 1534/35 y 1543, para ser interpretadas durante la Navidad. Son meditaciones, de forma jocosa y divertida, en plan entretenimiento, sobre el nacimiento del Hijo de Dios y de cómo viene a salvarnos del pecado, hecho este que Flecha suele presentar de forma alegórica. Son obras muy bellas y con las que uno pasa un buen rato.”

 

3) De la ficha Dolores Font:

“Flecha “el Viejo” nació en Prades, al norte del Baix Camp en la provincia de Tarragona, y murió 72 años más tarde probablemente en el monasterio de Poblet, situado en la misma provincia catalana. En 1523 ocupó el cargo de maestro de capilla de la Catedral de Lérida, después de haber ejercido como cantor en la misma institución. Entre 1544 y 1548 fue maestro de las hijas de Carlos I y hermanas del futuro Felipe II en el castillo de Arévalo: eran las infantas de Castilla Juana y María. Esta última sería años más tarde la protectora de Tomás Luis de Victoria y dedicataria de su Réquiem de 1603.

Parece ser que junto a un pequeño grupo de villancicos, las únicas obras que se conservan de este músico catalán son las célebres ensaladas, que fueron publicadas en Praga el año de 1581 por Mateo Flecha “el Joven” (1530-1604), su sobrino, bajo el título “Las ensaladas de Flecha, maestro de capilla que fue de las Serenísimas Infantas de Castilla”. Tal y como explica Flecha “el Joven”: “aunque son viejas [las ensaladas], ninguno antes del las compuso, ni después (con preciarse todos de tenellas) nadie las ha recopilado ni echo estampar”.

De las 11 ensaladas que compuso Mateo Flecha “el Viejo” sólo seis nos han llegado completas a través de diversas fuentes, entre las que destacamos la colección que ordenó imprimir Mateo Flecha “el Joven” y dos manuscritos que se conservan en Barcelona. Se trata de El Fuego, La Bomba, La Negrina, La Guerra, La Justa y Jubílate, las seis que Higinio Anglés publicó en 1954. Las incompletas son La Viuda, Los Chistes, Las Cañas y La Caga. La que nos falta para completar las 11 es la llamada Cántate o danga despadas, una obra que su sobrino no quiso publicar por ser demasiado larga y que hoy se considera perdida.

La ensalada es un género que combina, al igual que el plato gastronómico, múltiples ingredientes: cómicos y serios, irónicos y épicos, sacros y profanos. No en vano, fueron concebidas para diversión y regocijo de los cortesanos y alcanzaron gran fama en las fiestas palaciegas. Literariamente, la ensalada es una composición poética en la que se entremezclan versos de otras poesías conocidas y en la que aparecen varios idiomas: latín, castellano, catalán, italiano, portugués o francés.

El componente musical, como corresponde, también hace gala de la multiplicidad de elementos. Según la variedad de la idea poética iba cambiando la música, dando lugar a canciones de carácter cómico e incluso grotesco, incluyendo como era de esperar tonadas populares. Estas composiciones, escritas para cuatro o cinco voces, acuden con frecuencia al recurso de la onomatopeya musical, a los cambios frecuentes de ritmo, a diálogos de las voces de dos en dos, a fragmentos a solo y a la alternancia del contrapunto con la homofonía.

Cada ensalada aparece literaria y musicalmente dividida en varias partes. El Fuego, la primera que escucharemos en este concierto, podría dividirse en las siguientes secciones: “¡Corred, corred, pecadores!”, “Este fuego que se enciende”, “Venid presto, pecadores”, “¡Reclamen esas campanas”, “No os tardéis en traer luego”, “Oh cómo el mundo se abrassa”, “Este mundo donde andamos”, “Mira Ñero de Tarpeya”, “¡No os tardéis, traed, traed agua ya!”, “Toca, Joan, con tu gaitilla”, “De la Virgen sin mangilla” e “Y con este Nagimiento”. El elemento del fuego es utilizado en el texto como símbolo del pecado. En el desarrollo de la pieza, María envía en la persona de Jesús el agua para apagar ese fuego. En esta ensalada los episodios tumultuosos se interrumpen por uno de los textos más dramáticos de toda la colección, que se refiere al sufrimiento que causa Nerón en el año 64 a. C. prendiendo fuego a la ciudad de Roma, incendio en el cual mueren un gran número de niños y ancianos. La música en este fragmento, la segunda sección de la pieza, adquiere un carácter mucho más meditativo.

… La Negrina es una pieza pastoral e ingenua que nos anuncia la Navidad, como casi todas las ensaladas, que fueron compuestas para crear un ambiente de alegría inocente y de buen humor durante las fiesta navideñas. Las escenas bucólicas alternan con las canciones populares catalanas, dando como resultado un diálogo animado entre los pastores que van hacia Belén. Podemos dividirla en ocho partes: “Cumplido es nuestro deseo” “No hay cosa igual”, “Cordero que al lobo mata”, “Pues que tan bien lo has chapado”‘ “N’Eulália volgonella, Bernat”, “No nos cansemos”, “Caminemos y veremos” y “San Sabe-ya, gugurumbé”. Ya desde la primera sección aparece el personaje llamado Pasqual, procedente del teatro popular español, al que se le pide que cante una canción (“N’Eulália vol gonella, Bernat”). Este personaje legendario se presenta en el mundo teatral disfrazado de payaso negro. Así, en la última parte se reconoce un texto, carente de significado, que utiliza un lenguaje que imita lo negro, lo africano: “Gugurumbé, alangandanga”.

 

4) Del programa de mano de la Fundación Juan March

 

  • Obra: La Negrina
  • Compositor: Flecha, Mateo
  • Ciclo: Felipe II y las artes
  • Fecha del concierto: 25/02/1998
  • Intérpretes:

o    La Capilla Real de Madrid

  • Extracto de las notas al programa

Mateo Flecha “el Viejo”: Las Ensaladas

Durante la Edad Media en la Nochebuena tenían lugar dentro de las iglesias cosas que no se permitían el resto del año. Desde la época de los visigodos las continuas prohibiciones de los concilios locales hablan de espectáculos teatrales, máscaras y elementos grotescos o deshonestos sin especificar demasiado, como es lógico. También lo es que en los códices litúrgicos o en las actas capitulares apenas quede noticia de todo ello, por lo que podría pensarse que las prohibiciones se repetían automáticamente, por si acaso. Pero no. Podemos inducir la existencia de ciertas prácticas a partir de algunas consecuencias posteriores. Por ejemplo, esa curiosa forma literario-musical conocida comoensalada.
La estructura de una ensalada tal como las construye Mateo Flecha es, básicamente: una historieta dialogada que se interrumpe varias veces con canciones tradicionales y se remata con unos latinajos. Es difícil que algo tan extraño a las prácticas litúrgicas se les ocurriera a los músicos oficialmente encargados de suministrar materiales precisamente para la liturgia. Una explicación válida es, en resumen, la siguiente. Las iglesias daban acogida en Nochebuena a ciertos rituales -y a los cantos asociados a ellos- que desde antiguo rodeaban el solsticio de invierno, el cambio de ciclo solar, y festejaban el nacimiento del sol. Las Parcas, divinidades importantes en ese preciso momento, se cristianizaron bajo la figura de la Sibila, que en nuestras catedrales amenazaba con el juicio final –Juicio fuerte será dado y muy cruel de muerte– en una noche tan alegre, o bajo la más popular figura de la vieja hilandera que aún subsiste en nuestros belenes. Canciones de hilandera se incluyen en las ensaladas La viuda y La justa, de Flecha, y en una anónima, Els ascolars. Del mismo modo se cantaban otros repertorios, sobre todo pastoriles, que poco o nada tenían que ver con la Navidad ni con la religión cristiana. Todo ello tenía lugar mientras el clero oficiaba los maitines y tras ellos la misa de medianoche odel gallo. Como las prohibiciones no surtían efecto y los eclesiásticos preferían soportar tan ruidosa compañía a quedarse solos, se realizaron intentos de integración similares a los que habían producido la ceremonia de la Sibila. Así el primer arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, decidió sustituir los responsorios de maitines por villancicos en castellano para atraer a los moriscos conversos. De ahí proviene la larga tradición que acabó por dar significado exclusivamente navideño al villancico. Al filo del 1500 algún maestro de capilla particularmente ingenioso buscó otro modo de integración: confeccionar un argumento, una breve historia de carácter moralizante, en la que se integrasen los inevitables villancicos profanos, que ahora, sin embargo, tendrían ya algún sentido cristiano. Unos versos latinos al final reconducirían al pueblo a lo que interesaba, la liturgia. El resultado fue, naturalmente, una ensalada, nombre que define y describe al género.
Tras los primeros balbuceos, de los que apenas han quedado muestras, la ensalada tuvo la suerte de encontrar un compositor de talento, Mateo Flecha, y un medio favorable, la corte valenciana del Duque de Calabria. Para aquel entorno -en el que también estaban Pedro de Pastrana, Luis Milán y muchos otros músicos- compondría Flecha las músicas que hoy sonarán. Fueron impresas en Praga (1581) por su sobrino, Mateo Flecha “el Joven”, que era capellán del emperador Rodolfo II, sobrino de Felipe II y a la vez su cuñado, puesto que era hermano de Ana, la cuarta esposa de éste. En el impreso el sobrino titula al tío “maestro de capilla que fue de las Serenísimas Infantas de Castilla” y, en efecto, su nombre aparece como tal en las nóminas (1543-46) de la capilla que funcionó al servicio de éstas en la pequeña corte que para ellas dispuso el Emperador en Arévalo. También figura en los mismos documentos como mozo de capilla Mateo Flecha “el Joven”. Gracias a esta relación juvenil sería llamado a la corte imperial cuando la princesa María se casó con Maximiliano II.
En la publicación de Praga no se incluye El Jubilatela cual no he podido haber, según explica Flecha “el Joven” en el Prólogo. Ya había sido impresa, sin embargo, por Fuenllana (1554) en transcripción para vihuela junto con otras dos. Además se conserva en copias manuscritas.”

y

5) De Wikipedia (Pascual):

“Uno de los temas más comunes en los villancicos navideños, tanto de España como en América, fue el de la alusión a las características y al tipo de lenguaje de minorías étnicas y grupos marginales. En el caso de la península ibérica, los gallegos, asturianos, vascos y portugueses eran protagonistas de graciosos villancicos en los que las palabras en dialecto y la deformación del castellano propia de su peculiar pronunciación fueron imitados y crearon estereotipos seguidos durante décadas. En el caso de los grupos marginales, tal vez los más relevantes para nuestro caso son los de esclavos africanos y los indígenas americanos, aunque en el medio peninsular se seguía incluyendo a labradores y pastores desde una perspectiva paternalista, reflejada en el ingenuo lenguaje y los simples conceptos a ellos atribuidos. Por su parte, igual ocurría con los gitanos, a los que dentro de la consolidación de los estereotipos ya mencionados no se les dispensaba de la alusión a su tradición de comerciantes deshonestos y ladrones, y la mayoría de los textos contiene más elementos onomatopéyicos referidos a los panderos y sonajas en sus bailes.

El «hablado negro» hispánica, con sus típicos giros como el cambio de la «r» por la «I» y la confusión en el uso de los artículos, es el lenguaje más usado en los villancicos de negros, que a menudo incluían también algunas palabras extraídas de los lenguajes africanos u otros que simplemente sonaban áfricas reforzaban el estereotipo, que también les asignaba un papel ingenuo y de seres humanos en «estado natural». Generalmente dichas palabras, como «zulum-ba», «gurumbe», «zanzé» o «zambacate», cumplen un papel rítmico en la pieza musical y es posible que en realidad estén relacionadas con términos musicales en los lenguajes africanos aunque por ahora no contemos con mentes suficientes para confirmar o negar esta hipótesis.”

 

Nada más hoy. Que os sea leve el rollo y a seguir disfrutando y trabajando durante estos dos últimos ensayos que nos quedan antes de la actuación en Toledo.

 

Nos quedamos escuchando estas dos interpretaciones:

y

http://gloria.tv/?media=490568

Los intérpretes dela primera grabación son (según el recopilador) María Cristina Kiehr (Soprano), Claudio Cavina (Contratenor), Josep Benet (Tenor) y Josep Cabré (Barítono).

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