sisifQuienes sufrimos o aprovechamos –según los casos-  aquellas reválidas de los años cincuenta del pasado siglo nunca olvidaremos las numerosas anécdotas que coronaban tan trabajoso evento. Recordamos, entre otras muchas, las referentes al examen de latín, que suponía un escarpado escollo de necesaria superación para el triunfo final. Según era norma, el colegio podía enviar un representante de su profesorado para estar presente durante los exámenes. Debido a tal motivo pudimos sentirnos acompañados por un fraile de imborrable recuerdo que –bien por despecho ante la obligación gubernamental del control a los colegios o bien por tratar de conseguir las más altas calificaciones que prestigiaran al centro- se paseaba entre la filas de los sufridos estudiantes con una nota, tan bien visible para los alumnos como disimulada a los otros vigilantes, tras la amplia manga de su sotana en que se podían ver algunas indicaciones útiles para la acertada contestación a la prueba.

La verdad es que, aunque no nos sea ya posible recordar los detalles de aquel examen de latín, sí nos acordamos de haber topado previamente en su preparación con aquella famosa frase de Julio César al pasar el río Rubicón con destino a las Galias cuyo gobierno le había sido asignado por el Senado: alea jacta est, cuyo significado quedaría indeleblemente tatuado en nuestras ávidas mentes infantiles, el dado está lanzado. Bien sabíamos su significado terrible: se habían puesto las premisas, ahora solo queda esperar la conclusión.

De aquel mismo fraile –a la sazón profesor de física y química del colegio- sin duda el más encantador mentiroso que vieron nuestras tiernas mentes, bien capaz de atraparnos con inverosímiles narraciones destinadas a dejar una enseñanza tras ellas, aprendimos que, tras un esfuerzo concienzudo de preparación de una prueba, la suerte estaba ya echada un día antes de la misma y que, por tanto, era más recomendable el reposo tranquilizante durante el día anterior que el atracón de última hora que solo serviría para ponernos más nerviosos y propiciar con ello los errores de bulto por falta de concentración. La enseñanza indiscutible era que más suele perdurar el aprendizaje asentado, en tanto que lo rápidamente retenido tenía igualmente grandes probabilidades de ser rápidamente olvidado.

130127 Concierto Federación Coral Iglesia Santiago Madrid 13463Tales reflexiones nos sobrevenían nostálgicamente después dell último ensayo general de ayer. Tras el dilatado esfuerzo de aprendizaje del repertorio que vamos a interpretar desde nuestra humilde condición de aficionados, habrá que confiar en la concentración relajada del momento final para que la emoción interna y la escucha atenta a la totalidad del conjunto que siempre emanan de la expresividad e indicaciones de la directora  hagan brillar un resultado tan perfecto como sentido.

Mañana nos dirá el resultado final si –por seguir con  la densidad de las frases latinas- tras el alea jacta est ha llegado el finis coronat opus, “el fin corona la obra” que solía imprimirse antiguamente al final de un libro como constatación de que el final del esfuerzo es el descanso tras el mismo.

Mañana, pues, si la implacable resaca  de la dilatada cena nos es piadosamente indulgente, lo dejaremos dicho aquí lo mejor que podamos.

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