No resulta indiferente el recurrir a un refugio estival resguardado del bullicio de la congestionada capital y de las absorbentes actividades habituales. Uno tiene que desplazarse luego para adquirir todo aquello que la costumbre nos ha hecho imprescindible. La comodidad se nos ha convertido en un vicio al que nunca somos capaces de renunciar del todo.

En uno de esos desplazamientos nos encontrábamos por una carretera ligera de tráfico gracias a la hora temprana que nos acogía. En la radio del coche –radio clásica como de costumbre– se alternaban emisiones de buena música culta con diversas reflexiones sobre la idea complicada de “entender la música”.  De entre ellas retuvimos una que nos llamó poderosamente la atención: “la música no se entiende, se disfruta. Pero se disfruta tanto más cuanto más se entiende”. Inmediatamente nos vinieron a la memoria recuerdos de esos que van quedándose incomprensiblemente grabados a pesar de su aparente insignificancia o su fugaz aparición:

“No sé por qué ni me parece importante saberlo. Solo sé que lo escucho y que, además de gustarme, me conmueve” ( C. G en 1963 escuchando el Clavecín bien temperado, de Bach).

“Cuando me siento deprimido escucho la Resurrección, de Mahler y dejo que me penetre hasta lo más hondo” (S.G. en 1967 durante una celebración familar).

“Nunca me había gustado la música clásica, pero me regalaron una entrada para El Mesías, de Händel y, por cumplir, asistí a la representación. Lloré de emoción durante ella como un tonto. (E.L. en 1968 hablando sobre la asignatura de música en E.G.B.)

“La verdad es que no tengo ni idea de lo que esas dos señoras italianas estaban cantando. Ni quiero saberlo. Hay cosas que es mejor no explicarlas. Me gustaría creer que cantaban sobre algo tan bello que no puede expresarse con palabras y que, por eso,  hace que el corazón te duela ”. Red (Morgan Freeman) comentando la escena del dueto de Las Bodas de Fígaro,de Mozart, que Andy Dufresne (Tim Robbins) coloca provocadoramente en el tocadiscos de la cárcel para todos los presos en la película de Frank Darabont  Cadena perpetua”.

“Penderecki es un compositor difícil. Pero escucha una y otra vez esta grabación de su Stabat Mater, y verás como acaba emocionándote. (L.H. 1974 ante un intercambio de opiniones sobre música contemporánea).

images

Bastantes más recuerdos podríamos aportar,  todos ellos sobre la misma idea de la inexplicabilidad de la música, pero nos parece útil incidir sobre esa aparentemente reflexión circular disfrutar-comprender a la que antes aludíamos.

Hay algo en la experiencia de todos que pudiera traerse a colación:

  • Determinadas circunstancias impactantes impregnan ciertas obras de tal manera que al escucharlas se rememoran con intensidad. Discúlpesenos si aportamos alguna experiencia personal , muy probablemente insignificante al lado de muchas otras vuestras. Tal nos sucede con las Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor, indisolublemente unidas a una inolvidable primera compañía; con la Marcha Fúnebre de la Heroica, de Beethoven escuchada bajo el impacto de la temprana muerte por leucemia de un compañero de curso; El Requiem de Verdi, que escuchamos mientras leíamos las impresionantes últimas anotaciones de nuestro compañero de coro José Luis, escritas bajo la impresión de su última e irremediable enfermedad…
  • La moderada repetición atenta de una escucha que busca descubrir matices nuevos en una obra hace que aumente la emoción que nos provoca. Moderada, por supuesto. Su exceso, principalmente  si, como hace la publicidad pretendiendo obligar a la creación de asociaciones forzadas, tiene la odiosa consecuencia de corromper lo posiblemente sublime.
  • El conocimiento de las circunstancias que rodearon la creación de la obra, así como la intención del autor al realizarla pueden dar lugar a un punto de vista nuevo favorable a su disfrute.
  • El intento de interpretar o reinterpretar la música elegida nos sumerge en aspectos que de otro modo nunca descubriríamos y nos coloca en la mejor de las disposiciones para comprenderla y disfrutarla (o viceversa).

 

Todo lo anterior puede aplicarse a la experiencia que, sin duda, vamos adquiriendo cada vez que nos enfrentamos al esfuerzo de aprendizaje de una obra nueva en nuestra coral, incluso al elemental nivel en que nos movemos. La mayoría de nosotros es consciente de que, de no haber sido por el aprendizaje de ciertas obras corales nunca, quizás, habríamos disfrutado con la música medieval o renacentista, la música litúrgica, la música folclórica de determinados países o, en general, con la música culta. Igualmente somos conscientes de que al volver a oír una obra que hemos aprendido e interpretado alguna vez la escuchamos de modo diferente a como antes lo pudiéramos haber hecho. No tenemos más que ponernos a escuchar, digamos, el Mesías, las Danzas Polovtsianas, el O Fortuna

o este Va Pensiero  en el contexto de un denuncia de Muti contra cierta corrupción política:

 

De todo lo anterior son bien conscientes los que han intentado paciente y constantemente el aprendizaje de algún instrumento musical. Saben muy bien que la escucha de obras interpretadas con ese instrumento adquiere para ellos un significado totalmente diferente al que antes tenían.

 

Nada más por ahora. Séaos grato el tiempo libre de ocio que acaso disfrutéis y que, de todo corazón desde aquí os deseamos.

Anuncios