septiembre_016Comenzamos setiembre, que, según dice el refrán, es frutero, alegre y festero. Como nuestra relación con la agricultura no es excesiva, nos acogeremos a esa alegría y a esas fiestas anejas al mes así como al comienzo del curso escolar que siempre nos toca de cerca porque atañe a hijos y nietos que se acogen a él así como a nosotros mismos que comenzamos también nuestros ensayos y aprendizajes en el coro.

 

Para darle la bienvenida podemos recordar el poema de Luis García Montero:

Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.
Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.

O este otro, del mismo autor:

…las noches de lluvia nos confirman
que la vida, posiblemente hermosa,
no siempre es un asunto disponible
y que a veces resulta incluso mucha,
temible como ahora,..

Neruda también retrata este mes, primaveral desde el hemisferio sur:no-esperes-mejores-condiciones

ODA A LAS ALAS DE SEPTIEMBRE

He visto entrar a todos los tejados
las tijeras del cielo:
van y vienen y cortan transparencia:
nadie se quedará sin golondrinas.

Aquí era todo
ropa, el aire espeso
como frazada y un vapor del sal
nos empapó el otoño
y nos acurrucó contra la leña.

En la costa del Valparaíso,
hacía el sur de la Planta Ballenera:
allí todo el invierno se sostuvo
intransferible con su cielo amargo.

Hasta que hoy al salir
volaba el vuelo,
no paré mientes al principio, anduve
aún entumido, con dolor de frío,
y allí estaba volando,
allí volvía
la primavera a repartir el cielo.

Golondrinas de agosto y de la costa,
tajantes, disparadas
en el primer azul,
saetas de aroma:
de pronto respiré la acrobacias
y comprendí que aquello
era la luz que volvía a la tierra,
las proezas del polen en el vuelo,
y la velocidad volvía a mi sangre.
Volví a ser piedra de la primavera.

Buenos días, señores golondrinas
o señoritas o alas o tijeras,
buenos días al vuelo del cielo
que volvió a mi tejado:
he comprendido al fin
que las primeras flores
son plumas de septiembre.

O quizás algunos de los que escribíamos desde hace veinte años (perdón por la osadía de citarnos tras tan altos poetas):

Ya es septiembre otra vez.
El tiempo cede el devenir lineal
a ese pliegue que muestra
su cíclica apariencia.
Yo, que hace tiempo disfrutaba siempre
de este tiempo resuelto en escalones
que conquista la altura
del tiempo perforado
por la lenta escalera
del lento caracol,
quisiera recobrar la antigua forma
de un tiempo más decurso que conquista.
La altura a la que me hallo ahora
no es en sí una riqueza.
Su mérito es tan sólo
esta fidelidad hacia el otoño
con que uno toma su camino y mira.

Y viene a fin de cuentas
con su capa amarilla de otoños entreabiertos
la luz rastrera de septiembres agrios
casi como una fúlgida amenaza.
Y tú que te resignas
al ritmo de semáforos
que no te dan jamás la preferencia
estás dispuesto a perforar la entraña
de las horas oscuras y olvidadas.
A fin de cuentas todo,
como un ciclo de vientos y tiempos implacables,
es un juego de manos
en el que tú jamás podrás hacer
que las tuyas no sean observadas
si no te escapas lejos.
Porque sólo te dejan las ausencias.

Como aliento de luz respiras la alborada
sin más preguntas que las del aire en vuelo.
Algo del fin se mece en el septiembre
de los susurros mustios de las hojas del roble
y del aroma lacio del tomillo.
No hay temor en el trémulo silencio de la aurora
porque sabes que el tiempo que se escapa
es la señal de tu victoria en ciernes.
Nacer para morir ya no es condena.
Es el límite cierto
del margen de ternura que la vida te brinda.
No hay dolor en los signos del otoño
sino el gran error de encadenarse al tiempo.
Apuras libre el pulso gris del cielo
a la espera de más hondas cadencias
cuando el día te abrase con su tedio.
En este borde negro de la noche
sólo duele la paz que ya no vuelva.

Miro al inicio del septiembre mustio
como mira el soñador a los ocasos.
No trajo el tiempo que se acaba ahora
ni excesivas derrotas ni triunfos
pero gusta pensar que el tiempo ido
dejó los huecos que ahora convocamos
para alojar espacios sin testigos
huidos al calor de nuevas playas.
En este espacio nos hallamos vivos
para mirar más lejos concentrados
en lo que aún no sabemos, por si acaso
nos fuera más amable
que lo que conocemos.

Me refugio en la música como si fuera patria,
un lugar tibio, acogedor y blando
a salvo de mí mismo y de las horas
que septiembre acumula como nubes.
Y, sin embargo, el tiempo no se aquieta
sino que ulula a rachas de nostalgias
o de meros deseos incumplidos.
Ciertas músicas me hacen regresar
a tiempos de futuro en barra libre
mientras otras me obligan a pensar
en lo mucho que el futuro guardaría
si no viviera anclado
en un espacio estrecho y cicatero.
Cuando vuelvo de allí sé que el presente
pierde mucho de su agudo filo
aun en medio de su habitual presteza
para extenderse en múltiples aromas
que van dejando rastro
mientras hacen camino conocido
del que sólo percibo la sorpresa
que acaso espera tras cualquier recodo.

… Pero…

Sin título

Más que de poesía, hablamos de música, de un nuevo tramo en nuestro ya dilatado camino por los ámbitos amables del canto coral. Como siempre, empezaremos en breve (previsto el martes, día 9) a preparar nuevas canciones y a mejorar antiguas, a proponer nuevos proyectos y a compartir las horas de ensayo de martes y viernes, a volver a los horarios habituales posvacacionales con sus colegios y sus rutinas, a repasar o a aprender midis y partituras.

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