Murieron otros, pero ello aconteció en el pasado,
que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte.
¿Es posible que yo, súbdito de Yaqub Almansur,
muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?

Jorge Luis Borges

Al escribir sobre alguien que murió hace casi cuatrocientos años uno piensa en lo que significa una vida entregada a unos afanes y a una causa meritoria que ocupó toda una vida sobre la que nos permitimos juzgar y opinar desde la enorme distancia de tiempo y espacio que nos separa de él.

Todo eso nos hacía evocar el memorable poema de Borges con que encabezamos estas líneas después de repasar la versión original facsímil de los tres tomos transcritos de una ingente obra de nuestro autor. No en vano aparece en ella claramente plasmado el esfuerzo de toda una vida dedicada a la música.

Evidentemente no pudimos hacer más que hojear por encima tan voluminosa obra, pero nos tropezamos en el primer volumen con esta declaración de principios dirigida a los jefes luteranos a quienes se dedica la obra, y no nos resistimos  a transcribirla y traducirla:

Texto dedicatoria

“Vos fidos Ecclesiarum Gubernatores Deus exsuscitavit ex Chrysostomi aureo ore (in Salmo 43. Joh.6.) Tubis símiles, quórum clangore muri Jericho corruerunt. Facit enim vestra in obeundo sancto munere, ad quod vocati et evecti estis, Sedulitas, ne Ecclesiae Romanae doctrina, multis licèt potentum propugnaculis, ceu muris altissimis, circumvallata vigeat, sed ut sanctissimo illo clangore Evangelicae Concionis et Cantionis eversis doctrinae pontificiae fulcimentis, tamquam muris Jerichunticis dirutis, Ecclesiae Romanae corruptelae, abusus erroresque jam ómnium oculis pateant. Inenarrabile hoc Dei beneficium est, quod in Saxonia et superiori et inferiori, Barbariei Errorum et Religionis tenebris discussis, et pontificiae servitutis jugo illo férreo excusso, tot vestras colegiatas Ecclesias in libertatem Christianam feliciter asseruerit; in quibus meritò vos verae ac sincerae Religionis assertores et vindices atque Lειturgiae Xystarchos έργοδιόκτας probatis constantissimos et munificentissimos.”

(Dios os convocó como fieles Gobernadores de las Iglesias por medio de la áurea voz de Crisóstomo (en Salmo 43. Juan 6) al modo de aquellas trompetas con cuyo toque se abatieron las murallas de Jericó. En efecto, vuestra diligencia en el santo don de la obediencia al que habéis sido llamados y elevados con objeto de que la doctrina de la iglesia  romana, por mucho que se muestre rodeada por la protección, cual muro altísimo, de los poderosos, no se imponga sino que, removidos los cimientos de las doctrinas papales, derribadas como las murallas de Jericó, por medio de los cancioneros musicales  y el canto santísimos del Evangelio, se muestren claramente a los ojos de todos la corrupción, los abusos y los errores de la iglesia romana. Es ya hoy en día un regalo divino el hecho de que, tanto en la alta como en la baja Sajonia, rechazados los errores de la barbarie, y de las tinieblas de la religión, y sacudido el férreo yugo de la esclavitud papal, se haya asentado felizmente la totalidad de vuestras congregaciones colegiales en la libertad cristiana, en cuyo logro os habéis mostrado justamente adalides y reivindicadores de la verdadera y sincera religión así como probados promotores y ejecutores, tenacísimos y generosísimos”).

Vista toda esta declaración de principios con el fondo de las reivindicaciones reformistas contra la iglesia católica romana, que habría de dar lugar a la contrarreforma encabezada por el concilio de Trento y a los innumerables conflictos, tantos de ellos sangrientos, subsiguientes, uno se aferra al convencimiento de que la música, tal como nosotros la conocemos e interpretamos desde la misma mano de Michael Praetorius es mucho más lazo de unión que de concordia. De hecho, la mayoría de los contenidos de los tres volúmenes son un compendio de coincidencias con lo más profundo del sentimiento religioso que suele distar clamorosamente de todos los dogmatismos.

Copiamos, como prueba de ello, varias páginas seleccionadas de los tres tomos:

Portada syntagma 1 Praetorius Portada syntagma 2 Praetorius Portada syntagma 3 Praetorius

del segundo tomo 2 instrumento tomo dos 1 instrumento tomo dos 2 instrumento tomo dos Notación tomo 2 Voces tomo tres 1 Voces tomo tres

Tras hojear su obra e indagar en su vida, se nos antoja Michael Praetorius un músico, estudioso e interprete fuera de lo común. Sus conocimientos acerca de los instrumentos musicales, incluidas sus técnicas de construcción, de la teoría musical y del modo de interpretar la música vocal e instrumental son impresionantes.

Acabaremos, como siempre, recurriendo a la audición de la obra Puer Natus in Bethlehem, que ensayamos ahora para tratar de imitar humildemente todo cuanto esté a nuestro alcance:

El original de Praetorius aparece en la Misa Luterana para la fiesta de Navidad. Las siguientes actuaciones reproducen nuestra partitura intercalada entre solos y otras en:

O en esta otra, marchosa y brillante, dirigida por Paul McCreesh bajo cuya batuta cantamos hace años el Mesías Participativo.

La misma versión interpretada por el Coro Monteverdi con instrumentos de la época, merece la pena ser escuchada:

Ésta versión corresponde a la Misa matutina de Navidad. La interpreta el  Gabrieli Consort, Roskilde Cathedral Boys’ Choir, dirigidos también por Paul McCreesh.

La versión adecuada a nuestra partitura (de Lucas Lassius, 1508-1582) la encontramos en un ensayo del grupo Studio pro Musica Antigua,de Milán, dirigido por G. Viannini (Por cierto con un fa natural en los últimos aleluyas en vez del sostenido que tenemos nosotros):

Esta versión del Coro Anthem, con letras cantadas por voces diferentes es interesante:

Para la misma versión, incluida el gregoriano intercalado, podemos escuchar:

o mejor ésta:

Lo dicho. A practicar y a aplicarse.

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