daliTiembla el instante entre lo hecho y lo por hacer. El reloj lo atestigua mientras suenan campanadas, tragamos uvas y quizás se nos vienen,  de la mano de las películas norteamericanas y su  costumbre de entonar el ”Auld lang syne”  las  palabras :

 

Aquellos viejos tiempos 

¿Debería olvidarse al viejo amigo
y no volver jamás a recordarle?
¿Debería olvidarse al viejo amigo
y a aquellos viejos tiempos?

Por esos viejos tiempos, buen amigo,
por esos viejos tiempos,
habremos de tomar una vez más un trago de amistad,
por esos viejos tiempos.

 

Quizás podemos leer algunos versos del libro Diciembre y nos besamos, de Paula Bozalongo:

El último cartucho de pólvora festiva
ya ha explotado, preferirán a ratos
no haber vivido nunca un fin de año
cargado de artificios,
ahora todas las noches
les parecen oscuras.

Aunque el futuro arda
apostando el pasado que te acoge
no es un infierno el fondo de mis ojos.
Yo también tengo miedo
de haberte conocido,
yo también siento rabia
de no haberlo hecho antes.

O lo que nosotros mismos íbamos recogiendo desde hace tiempo al acabar el año:

Volver hacia el pasado la mirada
es el tibio consuelo de quien sabe
que la vida se hace poco a poco
con la misma cadencia con que poco a poco se destruye.

Puede que el tiempo me haya sido hostil,
pero nadie jamás podrá acusarme
de no haberle mirado frente a frente

Todo converge en esta fecha última
para hacernos pensar en nuestro propio fin,
porque siendo nosotros limitados
hemos querido limitar el tiempo
como si fuera él y no nosotros
el que llega al final de sus etapas.

Ahora todos son –me refiero a los días-
como ruinas cubiertas por la arena
que ofrecen al recuerdo
apenas un tumor imperceptible
donde yacen más búsquedas que hallazgos.
Brindemos por el trecho cada vez más exiguo
que los dos de momento compartimos

Sabor amargo:
sino crepuscular de todos los finales.
Compañero animal que hizo nuestros sus jadeos
no ha de seguir ahora con nosotros
más allá de la línea que el tiempo nos ha impuesto

Cuando al rubio arrebol el día muera,
las doce campanadas de la historia
habrán dejado un surco más
en mi espalda doblada y en mis pies marchitos.
Nada se acaba, sólo sigue con otros personajes,
el cansancio infinito del declive.

 

Lo cierto es que el brevísimo espacio del tiempo suspendido entre dos años compendia un ilimitado conjunto de densas sensaciones y sentimientos que abarcan el año que acaba y el año que nos espera. Entre lo que se acaba y lo que vendrá se sostiene en extraño y emocionante equilibrio un huidizo presente.

Ese presente que huye velozmente y que troceamos en tramos más manejables es el que aparece bajo la figura de un viento que solo puede aprovecharse mientras se siente soplar sobre la conciencia de nuestra propia finitud y nuestra propia plenitud.

Séanos tal viento propicio y perdurable desde ese año que se acaba a lo largo del otro año que vendrá.

27984407-3d-feliz-ano-nuevo-2015Seguramente no encontraríamos mejor despedida y entrada de año que estos deseos de Juan Carlos Arnanz y este canto en el que modestamente intervinimos:

FELIZ AÑO NUEVO A TODOS

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