imag2La prueba más contundente de la existencia de excelentes maestros es la contundencia con que ciertas enseñanzas suyas se resisten tenazmente al olvido y se imponen con fecunda y terca insistencia.

Sin duda uno de ellos era aquel –gracias dondequiera que estés, J.M.G- que, al hablar de la esperanza del pueblo judío en la venida de un salvador, recogía la creencia de un sector que se llamaban a sí mismos los anawim , ˁănāwîm, los pobres de Dios, y que no creía que el Mesías –el Ungido- fuese a ser el gran guerrero libertador que, cual portentoso Superman o invencible Rambo, habría de vengarse de los opresores del pueblo derrotándolos y humillándolos como pretendían los jasidim, los fieles, defensores de las tradiciones.

Todo eso se reflejaba en el salmo 149:

¡Aleluya!
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Y que hace ya tiempo quisimos glosar en un soneto:

SALMO CXLIX

No necesito guerras para verte
ni derrotar a nadie, Dios sencillo.
Abandoné hace tiempo mi cuchillo
y mi flecha en su aljaba yace inerte.

Demasiado es ya el peso de la muerte
para aguzar aún más su colmillo.
Quiero en la paz hallar tu manso brillo
y nunca en la victoria del más fuerte.

Acabemos ya, Dios, con las venganzas,
con los hombres cargados de cadenas
y las sombras de injustas aflicciones.

Quizás Tú necesites alabanzas,
pero te sobran todas las condenas
y te basta sólo, Dios, que nos perdones.

No parece que tenga todo esto mucho que ver con la fiesta tradicional de los Reyes Magos, pero hemos tenido siempre la sensación de que en el fondo cristiano de esta fiesta late un deseo rebelde de no resignación ante el hecho de una divinidad humanizada. Por eso, ante el hecho sencillo (y común a cuantos se vieron entonces afectados por ello) de un edicto general de empadronamiento que afectaba incluso a quienes tenían que desplazarse desde lejos y no encontraban alojamiento en su destino por estar al borde de un parto inoportuno, se apresuraron a consignar prodigios que dejaran bien claro que se trataba de un nacimiento especialísimo: un Ungido señalado por una peculiar estrella, un anuncio angélico a pastores próximos y unos ilustres visitantes, sabios observadores de los astros (astrónomos y astrólogos), reyes incluso, con espléndidos regalos traídos de lejanas tierras.

Además, el recién nacido se ve afectado por el capricho megalómano de un rey –Herodes el Grande– vendido a los romanos opresores y un auténtico asesino despiadado que intenta, como ya había venido haciendo con todos sus potenciales competidores en el poder, garantizarse la continuidad de su privilegiado puesto incluso matando a los posibles futuros libertadores (menores de dos años de edad). Los padres de Jesús, advertidos por celestes mensajeros, se ven obligados a emigrar a Egipto hasta que muere Herodes y se deciden a regresar  a su tierra, aunque, de entre los tres descendientes de Herodes que se han repartido el territorio, prefieren a Antipas (rey de Galilea ) antes que a Arquelao (rey de Judea) y se asientan en la ciudad galilea de Nazaret .

Sea como haya sido, nosotros hemos recogido este año  en nuestros cantos navideños (Praetorius, Rutter y un popular boliviano) la tradición de los Reyes Magos:

Sin título

Reges de Saba veniunt,                          Vienen unos reyes de Saba,
Aurum thus myrrham offerunt,                ofrecen oro, incienso y mirra.

Wise men from distant far land     Hombres sabios desde distantes tierras,
Sheperds from starry hills            pastores de colinas estrelladas
Worship this babe so rare            adoran a este niño peculiar.

Sin título2

Llegaron ya los Reyes, y eran tres: Melchor, Gaspar y el negro Baltasar; arrope y miel le llevarán y un poncho blanco de alpaca real. Changos y chinitas duérmanse, que ya Melchor, Gaspar y Baltasar los regalos dejarán para jugar mañana al despertar.

Nada más en esta fiesta. Prescindiremos de enrevesadas y eruditas reflexiones y nos quedaremos con lo que nos ha dejado hoy por hoy esta fiesta en nuestras tierras: la ilusión de regalos, roscones y cabalgatas.

Y, naturalmente, para nuestro coro tantos villancicos como hemos interpretado ilusionadamente con estos temas de fondo.

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