Dentro del repertorio inicialmente seleccionado para nuestra actuación en Lisboa el mes que viene, tenemos incluída la partitura “Habladme del mar” del compositor Ángel Barja, de la que ya hizo una excelente introducción nuestro compañero Antonio en una de nuestras últimas actuaciones.
No es momento de consignar aquí todo lo que él dejó dicho. Simplemente, para entender todo lo que podamos decir de esta canción, os invitamos a repasar este vídeo

Han pasado desde entonces dieciocho años, con su soplo implacable sobre nuestros cuerpos, nuestros espíritus y hasta nuestras vidas. No es cuestión de ponernos sentimentales ni nostálgicos, sino de recordar y no olvidar, para unos, y conocer de primera mano para otros que no pasaron por allí.
Recordaremos como anécdotas -hoy amables tanto como fueron entonces amenazadoras- aquel infarto de Marcelo, nuestro director, afortunadamente superado, pero que nos obligó a recurrir a Paco Serra para sustituirle y aquel error, virtualmente fatal, que nos hizo aprender sin darnos cuenta una partitura del “Habladme del mar” con unos cuantos pentagramas omitidos.
Afortunadamente todo acabó del mejor modo posible. Hasta con un premio.

H120px-Ria_San-Vicente-de-la-Barqueraoy, despu120px-Ría_de_Viveiroés de unas vacaciones que para muchos han tenido sabor a mar quizás sería el momento propicio para hablar de él aprovechando la letra de Mª Dolores Otero:

“Habladme del mar, que yo soy de tierra adentro.
Habladme del mar, vosotros los que marcháis
cabalgando en cervatillos de espuma
y jugáis a enredar brisas con las gotas de cristal,
los que habitáis el abismo
engarzando las sombras en hilos de luz,
los que ocultos en la noche sobre sábanas de arena
escucháis de la sirena el dulcísimo cantar,
vosotros los que soñáis cara al cielo y las estrellas
mientras os mecen y arrullan las caracolas
y el silbo de las olas que se agitan y entrechocan al azar.
Que yo soy de tierra adentro,
habladme del mar.”

Nosotros, habitantes del punto más tierra adentro posible de nuestra península, podemos hacer nuestro ese deseo que la letra de la canción expresa. También podemos verter en el mismo tantos lugares costeros como hemos visitado con nuestros cantos:
Sagunto, Málaga, Avilés, Cudillero, Luarca, Pechón, San Vicente de la Barquera, Lequeitio, Guetaria…

El autor de estas líneas, que tuvo que esperar diecinueve años a conocer el mar en un viaje nocturno por las costas tarraconenses, podria añadir el asombro de los acantilados y playas de la Mariña Lucense visitados este verano: Vicedo, Vivero, Burela, Foz, Ribadeo y. sobre todo, la impresionante playa de Las Catedrales.
Pero no es asunto de personalizar. Así que nos limitaremos a plasmar dicho asombro en dos capítulos. El primero. geológico en Cabo Ortigueira y As Catedrais:

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Y el segundo, poético, que podríamos tomar -entre tantos- de Neruda:

“NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.”

O de Juan Ramón Jiménez:

“El horizonte es tu cuerpo,
el horizonte es mi alma.
Llego a tu fin: más arena.
Llegas a mi fin: más agua.”

Por acabar de alguna manera -acaso pretenciosa- de hablar del mar dejaremos aquí nuestras humildes reflexiones tempranas sobre la metáfora marina que acecha siempre al escritor:

“Surcan un mar de labios las palabras.
Algunas mueren en playas de otros ojos.”

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