Sin títuloLa ventaja del  aficionado sobre el profesional  es que su preparación es ya un éxito aunque eso lleve aparejada la desventaja de no poder ganarse la vida con ello cuando ya se ha preparado.

Otra ventaja, no menos importante, es que su relación con aquello a lo que se aficiona es menos rígida (por lo menos desde fuera de él mismo) que la que impone la exigencia de una profesión. Digamos que, externamente al menos, existen menos obligaciones que le mantengan como aficionado y menores consecuencias derivadas de una posible defección que las que encorsetan al profesional.

images (1)Todos cuantos tienen la valiosísima ventaja de disponer de algo de tiempo libre al margen de las exigencias de su profesión saben bien que sus propias aficiones son un tesoro que puede enriquecer sobremanera con su vivencia una vida potencialmente opresiva por impuesta. Hay quien se aplica a ello individualmente como coleccionista, investigador, estudioso o hasta contemplativo meditador. Nada que objetar a esa dedicación sino el convencimiento, ampliamente corroborado por la experiencia, de que al final uno siente la necesidad de poner en común sus hallazgos y convicciones.

Quizás sea esa constatación de contactar con quienes participan de nuestras aficiones la que está en la base de nuestra dedicación a la música coral como uno de los modos de emplear fructuosamente el tiempo libre de que disponemos.  En nuestro caso, un tiempo de preparación individual de las partituras y otro de conjunción de nuestras voces con el resto del grupo.

Notas musicales.tamaño grande (500x500)El grupo. He aquí el foco que ilumina cualquiera de las posibles aficiones. Es una especie de compañerismo, de amistad incluso, que nos permite comunicarnos con un mínimo de espontaneidad poco deudora a los convencionalismos y que llega a manifestarse eventualmente en  otras actividades culturales, deportivas o de variadas formas de ocio compartido.

La verdad es que  quienes hemos disfrutado con el pacientísimo empeño del investigador que emplea cientos y miles de horas en cepillar fragmentos de arcilla para ensamblarlos y componer  un texto histórico, de quien se concentra en trabajoso aislamiento contemplativo hasta que da forma a una composición literaria, de quien se vuelca en el altruismo de un voluntariado totalmente desinteresado  o hasta de quien se empeña en memorizar el cuento de Caperucita Roja al revés estamos inmensamente agradecidos a tantos héroes anónimos como proclaman con sus aficiones el valor inconmensurable de hacer de la vida, tantas veces agreste, un lugar más habitable.

Larga vida, pues, a la afición de los aficionados no exclusivistas que respetan a  cualesquiera otros aficionados y nunca perjudican al resto de la humanidad.

Larga vida, en suma, a las numerosas corales de aficionados que tanto enriquecen sus componentes como a sus seguidores.

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