El carro de heno.

200px-Hieronymus_Bosch_070 La portada del tríptico presenta al vendedor ambulante que se enfrenta a las vicisitudes de la vida mientras va recogiendo lo que esa misma vida le ofrece en medio de todas la tentaciones que se le van ofreciendo. 

Una vez abierto el cuadro, se pueden ver las tres diferentes escenas del  mismo: el Paraíso terrenal del que la desobediencia de Adán y Eva le apartan, la vida en la que todos tratan de conseguir, con una mayor facilidad para los poderosos, una parte de esa efímera riqueza que el heno representa y el desastre al que parece irremisiblemente abocado el curso del carro arrastrado por siniestros personajes.

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Toda la pintura de El Bosco resulta sorprendente. Utiliza una enorme cantidad de extraños personajes que más parecen apuntar a la maldad de lo siniestro o a la trampa de la tentación que a la esperanza de una humanidad capaz de sobreponerse a ella.

El tríptico “El carro de heno” no es ajeno a este punto de vista. A partir de la deserción del paraíso que la desobediencia humana causa, la vida se nos presenta como un carro de heno del que cada viviente va tomando lo que puede, quizás sin fijarse que los que tiran del carro lo van llevando irremisiblemente al desastre.

Desde el punto de vista de la música, que es el que aquí nos convoca, podemos fijarnos en la parte superior del carro donde un personaje tañe un laúd interpretando una partitura que tiene delante.

adc3cd53-5170-42be-939c-ab449926c5f1_800x600 descarga (1) Música recortado

No resulta fácil saber si esta música de laúd supone un ardid para seducir a la mujer que la escucha y que sostiene la partitura entre un ángel  que la ennoblece y un demonio que la convierte en tentación o es más bien un ennoblecimiento de la música como modo vital de comunicación.

Confiemos en que nuestro mundo moderno, a enorme distancia del de hace medio siglo que inspiraba a El Bosco, nos siga haciendo felices depositarios de todas las satisfacciones que la música aporta a un mundo desgraciadamente propenso a la injusticia y la tristeza que tanto lo contaminan.

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