Hay días en los que uno dimitiría de su  pertenencia al género humano si  no fuera porque dicha pertenencia exige más la mejora de la humanidad que su deserción –imposible- de ella.

Se acumulan las atroces imágenes de inocentes masacrados en guerras, conflictos y dictaduras. Se estremece uno con el drama insondable y mortífero de la emigración.  Se padecen las incansables enumeraciones de accidentes, injusticias y marginaciones. Se asiste a la incapacidad de alcanzar acuerdos políticos justos que respeten todas las tendencias…

En momentos así uno intenta huir al sagrado silencio de la música para afianzarse en lo más íntimo y hondo de sus creencias.

1248123w280Quizás en tanto dilema fuera posible la huida a la música evocada por una personalidad de la altura de Daniel Barenboim con su cuádruple nacionalidad argentina israelí, española y palestina y su sincero compromiso con la paz y la convivencia en sus múltiples actuaciones, especialmente con su   West-East Divan Orchestra, que intenta superar las confrontaciones uniendo a músicos israelíes con palestinos.

Es esclarecedora la entrevista del periódico argentino La Nación a tan gran núsico en http://www.lanacion.com.ar/1293085-en-el-principio-fue-la-musica

Uno personalmente ha encontrado hoy un refugio escuchando esta impresionante interpretación de la novena sinfonía de Beethoven a cargo del maestro y su Diwan Orchestra:

 

Seid umschlungen, Millionen! Diesen Kuß der ganzen Welt! Brüder, über’m Sternenzelt Muss ein lieber Vater wohnen.Ihr stürzt nieder, Millionen? Ahnest du den Schöpfer, Welt?Such’ ihn über’m Sternenzelt! Über Sternen muss er wohnen.

¡Abrazaos, millones de seres! ¡Este beso para el mundo entero! Hermanos, sobre la bóveda estrellada habita un padre amante. ¿Os prosternáis, millones de seres? Mundo, ¿presientes al Creador? ¡Búscalo por encima de las estrellas! ¡Allí debe estar su morada!

 

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