Uno, sencillamente, vive. Y su vida la entiende a modo de segmento en la línea del tiempo. Pero, al mirarla detalladamente, observa que es en realidad la envolvente de una serie de pequeños círculos anidados en otros de mayor tamaño.

images-2 images-3Ciertamente eso nos resulta favorable porque podemos dividir el tiempo en días, semanas, meses, estaciones y años en los que la repetición bien mirada incluye una ascensión que solemos llamar experiencia acumulada. De ese modo se evita el síndrome del caminante al que su camino se hace inacabable entre el recuerdo y la espera.

Pues bien. Con el fin del periodo estival y sus vacaciones acabamos de completar ese círculo casi anual que nos lleva al siguiente de un nuevo curso en nuestras actividades corales. Como suele suceder en todos los periodos de la vida, ese círculo vacacional nos ha traído nuevas experiencias, agradables unas y desagradables otras, pero todas ellas –dado su final feliz- positivamente enriquecedoras.

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Esta tarde nos reencontraremos con propuestas de nuevas tareas que ya se nos han presentado durante el verano para que no podamos echarnos en cara ningún tipo de improvisación. Nos animaremos a traer las partituras ya impresas y, al menos someramente, escuchadas. Ya somos lo suficientemente veteranos para saber que el grupo solo funciona adecuadamente si cada miembro es acicate y no rémora.

Hasta dentro de unas pocas horas.

 

 

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