Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad de rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha,
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Con este poema de Miguel Hernández comenzamos un breve comentario-homenaje al septuagésimo quinto aniversario de la muerte de Miguel Hernández (28-3-1942). El motivo de querer relacionarlo aquí con la música tiene que ver con el ritmo de los endecasílabos del poema, tal como leemos en un comentario de El diario. es. En él se dice:

“A quien lea superficialmente estos versos, quizá le sorprenda el extraño ritmo de estos endecasílabos. Son endecasílabos dactílicos, acentuados fundamentalmente en las sílabas 4ª, 7ª y 10ª, y eventualmente también en 1ª, en cuyo caso se llaman “de gaita gallega”. El ritmo es tan peculiar que impide alternarlos con otros, por eso Hernández, en una de sus últimas composiciones los utiliza en forma monorrítmica. Todo un alarde.”

Siguiendo con este homenaje es imposible no citar la única grabación que se conserva de Miguel Hernández:

https://www.upv.es/intermedia/pages/laboratori/publicacions_produccions/2001_altaveu_del_front/altavoz%20del%20frente/14_te_amo_mujer.mp3

Refiriéndonos, ya más en concreto a la música, recordamos estas versiones musicadas de poemas suyos:

Jarcha:

Serrat:

De la rigurosa e interesantísima página http://lalusfecit-partituras.blogspot.com.es/2013/05/vientos-del-pueblo.html

tomamos esta cita de la versión de Vientos del Pueblo hecha por Los Lobos

Y esta versión en tiempo de jota del mismo poema por La Solfónica:

La versión anterior es el canto final de la Ópera Bufa, reivindicativa y antisistema, El crepúsculo del ladrillo que puede verse completa en

También pueden encontrarse versiones de poemas de Miguel Hernández cantadas por flamencos en http://www.abc.es/cultura/musica/…/abci-miguel-hernandez-flamenco-201305031807.html.

Y, ya para acabar, aunque no tenemos en nuestro repertorio ninguna versión coral de ningún poema de Miguel Hernández, sí tenemos que citar, por si el futuro nos resulta propicio a su aprendizaje, las cuatro adaptaciones  del prolífico  José Luis Blasco, de quien siempre seremos deudores muchas corales, entre las que se encuentran tres partituras con letra del Cancionero y romancero de ausencias:

También es accesible desde la pagina anteriormente citada de Lalus Fecit  esta partitura de La Solfónica:

Baste con estas deslavazadas ideas para no dejar pasar esta ocasión de rememorar la figura imponente de este inmenso poeta, por otra parte cercano a nuestro barrio a través de su relación con Vicente Aleixandre, que tantos años vivió en la cercana calle Wellingtonia – Velintonia – Vicente Aleixandre.

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