Como grupo musical que somos, tan seriamente entregados como humorísticamente conscientes de nuestras limitaciones, no nos es posible más que congratularnos de la merecidísima concesión del premio Princesa de Asturias de este año al grupo humorístico musical argentino Les Luthiers.

No nos eran ajenas las ya antiguas y memorables bromas que podían hacerse con la música. De siempre hemos podido admirar el estruendoso golpe de timbal en la sinfonía número 94 de Joseph Haydn, De la Sorpresa, en la que pretendía despertar a los adormilados espectadores de su música relajante con una  inusual sorpresa.

Igualmente en su sinfonía número 45, De la Despedida, o, De los Adioses, Haydn, en un inesperado Adagio tras un brioso Allegro,  pretende llamar la atención del príncipe para que se decida de una vez a permitir a sus empleados el regreso a la capital mediante la gradual desaparición de los músicos, que apagan la vela con que iluminaban su partitura y se van despidiendo con una reverencia hasta que todo se acaba con la desaparición del último violinista.

Como espectadores y colaboradores durante varios años de las jornadas Música para la Paz, hemos tenido ocasión de disfrutar de no pocas escenificaciones humorísticas de las obras del programa, tales como la de La máquina de escribir, de Leroy Anderson, dirigida por el inolvidable Miguel Roa o la, del mismo autor, dirigido por Andrés Salado, Papel de lija.

También habíamos disfrutado con la interpretación humorística del grupo español Pagagnini, pero los veteranísimos argentinos Luthiers, con más de medio siglo de actuaciones a la espalda se merecen la palma en este campo y, por lo que a nosotros, como grupo coral, más nos respecta  es su capacidad de cantar admirablemente conjuntados y con la primorosa pronunciación de una letra que está puesta para ser entendida y modulada. Baste la visualización de las grabaciones contenidas en las casi dos horas de  Viejísimo Aniversario, para convencernos de ello.

Es difícil definir lo que es el humor, pero queda claro que una de sus más eficaces manifestaciones lo constituye la sorpresa del salto de lo más serio, como la música, a lo más inesperado, como su manifestación deformada, tanto más eficaz cuanto más perfecta. Ya la figura del tradicional payaso, experto en la ejecución impecable de lo más dificultoso, nos había familiarizado con este hecho.

Los Luthiers vienen siendo dechado de esta perfección inteligente entre sus instrumentos originales, sus presentaciones literariamente impecables, y sus ejecuciones sorprendentes y de elevadísimo nivel.

No hay otro modo de apreciar el mérito que este premio les reconoce que la visualización de sus numerosas grabaciones en YouTube.  Animamos a todos los lectores de estas líneas a que lo hagan.

Seguro que no se arrepentirán de ello.

Anuncios