Si fuésemos críticos musicales escribiríamos estas líneas de otra manera.  Afortunadamente somos solo un humilde grupo de aficionados entusiastas que han aprendido a disfrutar de la música coral más por lo que quisiéramos conseguir que por lo que hemos conseguido.

Si no tuviéramos ninguna conexión con el Coro de la Comunidad de Madrid tampoco podríamos escribir estas líneas como lo hacemos. Afortunadamente nuestra directora, Victoria Marchante, pertenece a ese prestigioso coro con miembros conocidos para nosotros como Fernando, Pipe o Sandra.  Todo ello nos permite dejar aquí constancia de lo único que podemos dejar tras escuchar la actuación de ayer: el entusiasmo emocionado de quienes escuchan obras bellas bellísimamente interpretadas.

Cuando escuchamos canciones que tenemos en nuestro repertorio, como Locus iste o el Ave Maria, nos dominan la sana envidia y la convicción de lo acertadas que son las indicaciones de nuestra directora en los ensayos.  Pero en todas las obras interpretadas, incluidas las pianísticas de Karina, hay un sincero sentimiento, difícilmente expresable por escrito, que tiene que ver con la emoción de quienes disfrutan de una obra que se nos ha acercado –incluso introducido íntimamente- gracias a la cercanía que los intérpretes nos han proporcionado.

No podemos añadir más. La actuación acabó con una breve propina, una auténtica joya que resultará para nosotros un regalo adicional al de su audición si somos capaces de aprenderla:

Quede aquí nuestro agradecimiento a nuestra directora por todo.

 

 

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