Son azarosos los caminos que recorremos cuando el silencio y la reflexión nos acogen como amables anfitriones. Emprendíamos, casi sin proponérnoslo, el de los poemas antiguos que tienen que ver con la llamada ardiente del amor frustrado. Venía a ser como la llamada del tiempo que nos aguarda al final de cualquier periodo expresando su deseo de tomarnos tras una ardiente espera. Por eso hablábamos del nuevo año como una senda ilusionada hacia una meta ansiada al final de ese periodo ficticio que el año nos dibuja y nos propone.

Entrábamos así en contacto con poemas anteriores a la formación de la España unificada que hoy se nos propone o impone como sacrosanta adquisición inalienable. Pasaron sobre pueblos ancestrales los romanos, los godos, los árabes y los españoles actuales que unificaron reinos divididos.

De entre todos los rastros que nos dejaron pudimos comprobar las huellas luminosas de la literatura hispano árabe que supo cantar de modo impresionante al amor.

Esas huellas nos centraban preferentemente en Andalucía donde encontrábamos bellezas insospechadas. Basta entrar en http://www.poetasandaluces.com/autores para contar casi una centena de poetas arábigo-andalusíes de entre los que -por poner un ejemplo- citábamos hace poco a Ibn Hazm. Seguimos leyéndole con esa sorpresa que impacta al ignorante ante la belleza de lo desconocido:

"No quiero de ti otra cosa que amor; fuera de él no pido nada."

"Cuando me voy de tu lado, mis pasos
son como los del prisionero a quien llevan al suplicio.
Al ir a ti, corro como la luna llena
cuando atraviesa los confines del cielo.
Pero al partir de ti, lo hago con la morosidad
con que se mueven las altas estrellas fijas."

“Los que no saben qué es amor me censuran porque te amo,”

“¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?
Dímelo, porque la confusión se burla de mi entendimiento. “

Leíamos también a Mosheh ibn Ezra:

“Hasta dónde serán enviados mis pies
en el destierro, pues aún no han hallado reposo.
Desenvainó el tiempo la espada de la separación [...]”

“Tengo el pelo blanco, mas el cabello del Tiempo no ha encanecido,
y los días del exilio han vuelto a la juventud.
Después de haberse ajado, ha sentido placer la madre
de la separación y los hijos del deseo se han enamorado.
Al volverse muy cortos los pasos de mis años, las Hades
del sendero de mis penas como el mar se han ensanchado.
Los oleajes de la vejez asimismo me han cercado,
y se ha quedado seca la fuente de la juventud.
Digo a los que me reprenden: "Tened calma conmigo hasta que
me lamente", y a los que me recriminan: "¡Cesad!".
Cesad hasta que ronde por lugares que tan solo por las llamas de
mi corazón y el llanto de mis ojos quedaron asolados.
Parecían ciudades destruidas por las que no pasaba
pie humano y nadie las habitaba.
Después de haberse desplegado en ellas las alas de la amistad
y de haberse arrastrado por ellas los vuelos del amor,
los ejércitos de gacelas disminuyeron en su interior, mientras, 
por el contrario,en sus cuatro lados se multiplicaron los chacales 
para lamentarse.[..]”


a  Ibn Quzmán (ابن قزمان):

“Cuando muera éstas son mis instrucciones para el entierro:
dormiré con una viña entre los párpados.
Que me envuelvan entre sus hojas como mortaja
y me pongan en la cabeza un turbante de pámpanos.”


También a la poetisa Quasmuna Bint Isamil:

“Ay, gacela, que pastas siempre en este jardín,
soy semejante a ti
por esa soledad y por mis ojos negros,
las dos estamos solas, sin amigo.
¡Soportemos, pacientes, lo que manda el destino!”

O este único poema que se conserva de la poetisa Zainab al Mariyya:

“Tú que cabalgas en pos de tu deseo,
detente y te dirá lo que padezco.
Los hombres no disputan sobre el amor que sienten,
mas mi pasión por ellos sobrepasa la suya.
Me basta ver alegre a mi amado
y por su amor y su alegría
me afanaré hasta el fin de los tiempos.”

De los libros que tenemos disponibles, podemos tomar la colección de poemas escritos por trece poetisas arábigo-andaluzas, del poeta palestino, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, Mahmud Sobh. Como muestra copiamos el poema de la levantina Amat al-´Azîz:

Herida por herida:
Mis ojos te hirieron en las entrañas
y mis ojos te hieren en las mejillas.
Herida por herida: pon una por otra.
¿Qué es lo que causó la herida del abandono?

Del libro de poemas del valenciano del siglo XI Ibn al-Zaqqâq, publicado por el Instituto Hispano-Árabe de Cultura en 1986 y traducido en preciosos endecasílabos blancos por Emiio García Gómez, leemos este impresionante “Epitafio para sí mismo”:

De vuestro lado me robó la muerte,
inexorable ley de los humanos.
En ella os precedí; pero, a la postre,
no tardaremos en hallarnos juntos.
Decid, por   vida vuestra y por mi sueño:
¿No fue nuestro vivir una delicia?
Ore por mí quien por mii tumba pase,
y pague a la amistad la fe jurada.

Tras esta disquisición sobre los poemas hispanoárabes, volvemos a nuestro campo propio de la música que acogió a muchos de dichos poemas. Son varios los cancioneros que ponen música a poemas anteriores a la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1942, tan vehementemente reivindicada por unos en calidad de RE-conquista necesaria para la unificación de España como considerada por otros un genocidio de pueblos afincados en nuestro territorio durante más tiempo de lo que lo habían estado otros colonizadores precedentes.

La música tiene la virtud de trascender pueblos, patrias e idiomas para hacer del mundo una patria única abierta a la universalidad de la humanidad compartida. Lo hemos comprobado quienes hemos cantado música de cuantos países han estado al alcance de nuestras capacidades. No en vano hemos acometido lo mejor posible pronunciaciones de letras en cinco idiomas ibéricos y siete idiomas europeos actuales, en varios de ellos antiguos, en latín de épocas diversas. Tampoco se nos agrietan las estructuras patrias por citar en griego Kyrie eléison, en Hebreo Halleluyah, en arameo Elohi, Elohi, lema’ šĕbaqtani, quincha en quichua o cuñataí en guaraní. Si no hemos cantado música de más países ha sido porque no hemos tenido oportunidad de ello o superaba nuestras posibilidades.

Volviendo a nuestros antiguos cancioneros, sobre todo a los de Uppsala y de Palacio que son los que más hemos utilizado, rastreamos en el primero, además de una cuarteta persa, once zéjeles. En el segundo, ya básicamente del siglo XV, aún podemos rastrear recuerdos amables que dejamos aquí para terminar estas líneas, quizás farragosas, pero tendentes siempre a enlazar épocas nunca ajenas a nuestra historia. El más conocido está recogido por Barbieri en los números 24 y 25:

Emociona revisarlo en la versión en disco de pizarra grabada por Federico Garcia Lorca acompañando al piano a La Argentinita:

Las morillas de Jaén

Tres moricas me enamoran
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornaban desmaídas
y las colores perdídas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan lozanas,
iban a coger manzanas
hallábanlas tomadas
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas, que éramos moras
en Jaén:
Aixa, Fátima y Marién.

https://federicogarcialorca.net/cancionero_popular/las_morillas_de_jaen.mp3

El MusicaVocalEnsamble tiene esta versión digna de servir como final:

Paz universal y un musical abrazo para todos todo el año.