Empezábamos tempranamente el día con la profunda idea de ir penetrando poco a poco en el más íntimo sentido de nuestras expresiones más patentes. Lo hacíamos escribiendo:

«Todos tomamos día a día impulso

para seguir viviendo, en lo posible,

con los mejores modos que tenemos

para llegar a gozos merecidos.

Para ello disponemos de la música

y una mirada abierta hacia el paisaje.»

Por uno de esos extraños impactos que a veces nos llegan desde lecturas atentas, hoy nos hacía pensar una cita del artículo que escribe Mar Abad en elDiario.es sobre el significado que las palabras muchas veces nos ocultan, pero permanecen escondidas en el fondo. En él se aludía a un posible diccionario de sinónimos, propuesto en 1863 por el lexicógrafo Roque Barcia, que expresara el “aliento interior” y el “soplo vital” de las palabras que, a su entender, la definición del diccionario al uso solo deja sus definiciones “como una pisada al suelo. Deja el rastro de la palabra, pero no alcanza a describir su espíritu”.

Nosotros, retomada la actividad coral de ensayos dos veces semanales, aún dentro de todas las precauciones impuestas por la pandemia, nos estamos proponiendo el aprendizaje de un extenso repertorio de villancicos navideños.

Según leemos en Wikipedia, “Su nombre tiene probablemente su origen en que se trata de composiciones de naturaleza popular, cantadas por los villanos o habitantes de las villas, generalmente campesinos u otros habitantes del medio rural.” Así aparece en la portada del cancionero de Uppsala:

En este repertorio -por enlazar con el tema con el que hemos empezado estas reflexiones- intentamos trascender la materialidad de las palabras de la letra de los villancicos con la más profunda sensibilidad que ella confiere a la misma a partir de aspectos de sentimiento popular, de armonía musical coral y de deseo de ofrecer al posible público dispuesto a escucharnos un modo agradable de olvidarse del afán cotidiano.

Esperamos poderlo conseguir dentro de nuestras propias limitaciones.