Ayer se celebraba el día universal de la música conmemorando el aniversario de la muerte de una santa cristiana llamada Cecilia.

Leemos en Wikipedia:

“Cecilia de Roma, más conocida como santa Cecilia, según el Martyrologium hieronymianum, fue una noble romana, convertida al cristianismo y martirizada por su fe en una fecha no determinada, entre los años 180 y 230.

Lugar de nacimiento: Roma, Italia

Fallecimiento: 22 de noviembre de 230 d. C., Sicilia, Italia

Lugar de sepelio: Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, Roma, Italia

Festividad: 22 de noviembre

Atributos: órgano, laúd, partituras y rosas

Patronazgo: de la música, de la poesía, de los ciegos y de las ciudades de Albi, Omaha, Mar del Plata y Estanzuela

Venerada en: Iglesia católica e Iglesia ortodoxa”

Se conserva una edición latina de las Actas de Santa Cecilia en donde puede leerse:

Venit díes in quo thálamus collocatus est, et, canéntibus [cantántibus] órganis, illa [Cecilia virgo] in corde suo soli Domino decantábat [dicens]: Fiat Dómine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confundar.

En ella se alude al “thalamus” (lecho nupcial), a “canentibus organis” (con instrumentos musicales de acompañamiento) y a una entonación del salmo LXX que alude a su esperanza en Dios.

De todo ello se hizo eco la leyenda que transformaba el lugar de tortura de Cecilia en un lecho nupcial, los instrumentos de dicha tortura (candentibus -no canentibus- organis) en instrumentos musicales y hasta el nombre de la torturada en derivado de “caeca (ciega)”. Con todo ello se forjó una historia casi increíble en la que una de tantas desgraciadas torturadas y asesinadas por la implacable persecución de los emperadores romanos contra los cristianos enfrentados a la religión politeísta oficial, se incluyó en el Martirologio cristiano.

En el se elogiaba la virginidad de Cecilia y se daban como ciertas sus presuntas habilidades musicales.

A nosotros, en realidad, toda esa historia fraudulenta nos resulta totalmente imprescindible para secundar nuestra humilde afición coral y dejar bien claro el hecho de nuestra fe inquebrantable en las virtudes inigualables de la música en medio de un mundo desquiciado por el ruido.