Reflexiones invernales (23)

Planeaban nuestros endecasílabos al alba tempranísima de este último día de febrero de 2021:

“El mes que acaba hoy no es uno más.
Es un mes único entre otros muchos:
solo él contará como vivido
exactamente en la postura misma
que tenía cuando pasé por él.
Se olvidará una vez que haya pasado.”

En ellos aludíamos a que nuestras reflexiones a finales del febrero del año pasado, 2020, no eran muy diferentes de las de hoy, un año después. No hace falta resaltar que ello viene debido a que seguimos aún en nuestra resistencia a dejarnos vencer por el tan tenaz como malhadado coronavirus que nos acosa: mascarillas, distancia prudencial con respecto a desconocidos, desinfección frecuente de manos, sujeción a limitación de aforos, limitación de actividades colectivas, evitación de reuniones y contactos familiares…

Y, sobre todo, el prolongado silencio con respecto a nuestra actividad coral en cuanto a ensayos y actuaciones. Confiamos en que todo pasará a no mucho tardar si no cejamos en el intento diario de mantener las recomendaciones sanitarias.

Mientras tanto, las redes sociales que reflejan el esfuerzo de colectivos corales profesionales y algunos esforzados aficionados vienen ayudándonos con su buen hacer virtual y presencial a seguir disfrutando con sus logros. Para estar informados de todo ello es buena ayuda este enlace:

https://www.facebook.com/groups/cantantesdemadrid/

del que podemos destacar este evento:

y estas actuaciones (pulsar “ver en Facebook”):

Ojalá la escucha de tan trabajada música nos ayude hasta una próxima normalización.

Reflexiones invernales (22)

La primavera de este año, 2021, entrará el 20 de marzo, ya a menos de un mes de distancia de la fecha actual. Mientras tanto, y a pesar de la gradual elevación de la temperatura, seguiremos con la mente fría intentando suplir con estas líneas, en la medida de lo posible, nuestra falta de contacto en cuanto a ensayos y actuaciones.

Hace ya un año que el día tres del mes de febrero veía nuestra última actuación en público por entonces con el canto de los Carmina Burana, a la par que expresábamos en estas páginas nuestros próximos pasos programados con estas líneas del veinte de febrero del año pasado:

“En los meses que quedan hasta el descanso veraniego nos proponemos diversas exhibiciones de un repertorio sobre cantos corales pertenecientes a zarzuelas, así como actuaciones en nuestro barrio con motivo de la celebración anual del evento Primavera de la música.  Para esta última, así como para otras actuaciones correspondientes a conciertos organizados por la Federación Coral madrileña, en la que interviene como vocal nuestro compañero Julián Espejo, venimos ensayando algunas partituras compuestas por Dante Andreo sobre poemas de García Lorca y otras propicias a mantener y perfeccionar nuestra actividad coral con nuevos retos interpretativos.”

Poco imaginábamos entonces la que se nos avecinaba: empezaron por entonces unas sospechosas infecciones con una extraña variante de la gripe que se mostraba mucho más letal, contagiosa y amenazante. Ello nos obligó a prescindir de nuestro habitual lugar de ensayo en el Instituto Ciudad de los Poetas para no comprometer la salud de los alumnos del mismo.

El proceso culminó con la declaración de un estado de alarma que nos confinó en nuestros domicilios o -como nos pasó a nosotros en particular- que nos inmovilizó en un apartado lugar de la sierra madrileña. El resultado inevitable fue la suspensión de toda nuestra actividad coral, con el menguado intento temporal de acometer algunos ensayos virtuales en internet y algunas actuaciones que no pudieron llevarse a efecto, sin duda por el temor a posibles contagios.

Desde entonces se sucedieron los comunicados a través de estas páginas mediante una serie, hasta hoy ininterrumpida, de noventa y siete escritos Confinados, treinta y siete Reflexiones veraniegas, treinta y una Reflexiones otoñales y, hasta el momento veintidós Reflexiones invernales.

Confiemos en que, tras unas próximas Reflexiones primaverales y algunas otras nuevas Reflexiones veraniegas (2021), la extensa vacunación en que confiamos, unido a nuestro imprescindible esfuerzo por no relajarnos, nos permitan retomar el tiempo donde lo dejamos.

Todo ello con renovado entusiasmo y compromiso.

Seguramente nos ayudará a todo ello la visita a nuestra página hermana en Facebook

facebook.com/corociudaddelospoetas

donde quienes se esfuerzan por escribir allí nos citan preciosas audiciones para seguir emocionándonos con nuestra afición coral.

Reflexiones invernales (21)

Omnipresentes son en la actualidad -aparte de la inolvidable pandemia Covid.19- noticias sobre raperos encarcelados, tertulias enardecidas incomprensibles donde todos hablan simultáneamente y nadie escucha, manifestaciones violentas, incitaciones al terrorismo, ofensas verbales intolerables, acusaciones de unos partidos contra otros…

Aun a sabiendas de que con estas líneas caminamos por terrenos espinosos y movedizos sobre los que penden duras acusaciones y amenazas penadas con cárceles y marginaciones implacables, queremos mencionar aquí un texto que podría ambientar uno de los más antiguos “raps” escritos.

Por coincidencia, la letra resulta cercana a nuestra coral por pertenecer a un salmo bíblico cuya versión coral hemos cantado no pocas veces:

“By the rivers of Babylon…” (Salmo 137)

En la letra terrible de este salmo se incluye la queja por la opresión de un pueblo deportado y esclavizado, el grito rebelde por la burla de quienes quieren reírse de su desgracia obligándoles a cantar, el deseo explosivo por devolver mal por mal al opresor y la explosión irreproducible en una venganza con el asesinato cruel de los más inocentes:

No es posible encontrar cómo era la música original de este salmo, pero sí el sonido original de la letra con su versión española en:

O en una versión (tipo “La Voz”) con una letra hebrea original parecida:

Y en el fondo una reflexión íntima en un silencio al margen de noticias televisivas, tertulias implacables y acusaciones ilimitadas:

¿Puede uno sentirse tan maltratado como para desear lo indeseable para el maltratador?

¿Puede uno llevar la violencia hasta su queja?

¿Puede alguien maltratar hasta el odio?

¿Puede la venganza llegar al encarcelamiento solo por venganza?

Reflexiones invernales (20)

Siempre hemos sentido estas palabras propias sobre el idioma que aprendimos de nuestros padres:

“El idioma que hablamos es calor
de los brazos que asieron nuestro cuerpo
y lo alzaron sobre el dolor del suelo.
También es el contacto nutritivo
de la piel que acunó nuestra sorpresa
contra el mundo que se nos revelaba.
Nada podremos ya decir que no
esté bañado de un cercano amor
de un lejano y lúcido horizonte.
Y es todo en nuestro idioma patria y alma.
Nadie se atreva a despreciarlo nunca.”

Cuando hemos mencionado la poesía del recientemente fallecido Joan Margarit quizás no hayamos sido suficientemente justos con el hecho de que su idioma materno fue el catalán y que no resulta justo verter sobre este idioma los prejuicios y prevenciones que las circunstancias políticas y los nacionalismos quieren imponernos.

Quizás lata en el fondo de todo ello ese sentimiento que tiende a considerar como ajenos y hasta enemigos a quienes se expresan en idiomas que no entendemos. Sería como si nos sintiéramos apartados de quienes no se expresan en el mismo idioma que nosotros. Pero desde aquí queremos romper una lanza a favor de todos los idiomas originales que sirven de expresión natural a quienes los hablan. No en vano en nuestra coral hemos cantado -tras concienzudo esfuerzo en aprender su pronunciación- en gran cantidad de idiomas que los compositores han querido usar para escribir su música.

Por eso, para completar la referencia a la poesía  del poeta bilingüe que fue el catalán Joan Margarit, haremos referencia a dos bellísimos poemas, musicados también por sendos cantantes:

La llibertat
La llibertat és la raó de viure,
dèiem, somniadors, d'estudiants. 
És la raó dels vells, matisem ara,
la seva única esperança escèptica.
La llibertat és un estrany viatge.
Són les places de toros amb cadires
damunt la sorra en temps d'eleccions.
És el perill, de matinada, al metro,
són els diaris al final del dia.
La llibertat és fer l'amor als parcs.
La llibertat és quan comença l'alba
en un dia de vaga general.
És morir lliure. Són les guerres mèdiques.
Les paraules República i Civil.
Un rei sortint en tren cap a l'exili.
La llibertat és una llibreria.
Anar indocumentat. Són les cançons
de la guerra civil.
Una forma d'amor, la llibertat.”

De esta canción tenemos una versión musical debida a “Les Sommeliers”:

Y también su lectura por su mismo autor:

Dejamos aquí su traducción al castellano:

“Libertad

Es la razón de nuestra vida,
 dijimos, estudiantes soñadores.
 La razón de los viejos, matizamos ahora,
su única y escéptica esperanza. 
La libertad es un extraño viaje.
Son las plazas de toros con las sillas
sobre la arena en las primeras elecciones.
Es el peligro que, de madrugada,
nos acecha en el metro,
 son los periódicos al fin de la jornada.
 La libertad es hacer el amor en los parques.
Es el alba de un día de huelga general.
Es morir libre. Son las guerras médicas. 
Las palabras República y Civil. 
Un rey saliendo en tren hacia el exilio.
La libertad es una librería.
 Ir indocumentado.
 Las canciones prohibidas.
Una forma de amor, la libertad.”

También podemos escuchar el poema leído por su autor:

Igualmente es digno de mención el programa del telediario de TV que  emitió otro poema de Margarit cantado en castellano y catalán por Poveda:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/miguel-poveda-pone-voz-premio-cervantes-joan-margarit/5794554/

Esta es la letra en castellano:

“No te volveré a ver

Es esta piel violeta de una noche
que dejamos pendiente.
Y tu silencio suena como un saxo
de oro negro en el fondo
de los días sin ti.
En tu pecho jadea el contrabajo,
y en tu flanco, tan cálido de sombra
que siempre soñaré cuando mi mano
lenta avance hacia ti.
Músicos en penumbra, los instrumentos de oro
en sus bocas lilosas: ya, la vida
no me devolverá la que aposté
a tu cuerpo desnudo cuando eras una fiesta.
No queda más que -al piano- un negro ciego,
nuestro amor: toca solo en la sombra
y mi sueño se duerme entre sus dedos.”

Quede aquí nuestro sentido reconocimiento de la grandeza de tan excelente poeta.

Reflexiones invernales (19)

Murió ayer el gran poeta catalán, recientemente galardonado con el premio Cervantes de poesía. Difícilmente podemos separar dicha poesía del fondo musical que impregnó toda su obra y sus aficiones musicales, sobre todo al jazz:

Summertime

Rhapsody in blue (paul whiteman jazz band 1924 version with George Gershwin on piano)

George Gershwin – Rhapsody in Blue – Leonard Bernstein, New York Philharmonic (1976)

No pretendemos ser originales en cuanto a la consideración de la poesía de Joan Margarit. Por eso copiaremos de https://theconversation.com/joan-margarit-y-la-musica-del-cielo-155427:

“En el año 2019 el jurado del Premio Cervantes concedía a Joan Margarit (1938-2021) el mayor reconocimiento en lengua española por “su obra poética de honda trascendencia y lúcido lenguaje innovador”, y por saber representar “la pluralidad de la cultura peninsular en una dimensión universal de gran maestría”.

Olvidó decir el jurado que entre sus poemas circulaba un lenguaje aún más universal y al que destinó todo el amor transparente de su escritura: la música. Al conocer su partida, proponemos escuchar con Margarit las canciones y armonías que iluminaron sus versos.

Joan Margarit y la música de Jazz

Su primer libro, Cantos para la coral de un hombre solo (1963), ya presentaba a través de la paradoja el carácter reflexivo de sus composiciones. Para el poeta catalán la poesía, como la música, ayudaba a restaurar un orden perdido.

“El lector de poesía “tiene más que ver […] con el intérprete que con los que se han de limitar a escuchar un concierto”.

(Edad Roja, 1989).

Como escritor siempre estuvo acompañado por los discos de su adolescencia y primera juventud:

“Los saxos de Lester Young, de Ben Webster, de Johny Hodges, de Coleman Hawkins, de Charlie Parker; las voces de Billie Holiday, de Yves Montand, de Edith Piaf, de Léo Ferré, de Jacques Brel, de Georges Brassens. Todos ellos están muertos”.

(Aguafuertes, 1995).

Su poema “Los discos y la muerte” ya unía los cabos de la juventud con el destino final del hombre:

"Descubría otra música, más solo ya que nunca.
De pronto están sonando las canciones:
son las voces, que vuelven, de los viejos amigos,
de los amores de mi juventud.
El primer signo de algo irremediable.
Son canciones que escucha la muerte en algún sitio."

(Aguafuertes, 1995)

Edith Piaf, Jacques Brel y Leo Ferré.

Sus composiciones, con frecuencia, parten de su propia experiencia musical cotidiana, a menudo fraguada en los clubes nocturnos de jazz, al que su hijo Carles se ha dedicado de forma profesional. Allí se se suceden las músicas de Cole Porter, las trompetas de Chet Baker y Miles Davis; o el piano de Bud Powell y George Gershwin: “Qué triste suena Gershwin sin poder abrazarte”, (Los motivos del lobo, 1993). Es de hecho el popular tema Summertime de este último el que da nombre a un poema de su libro Misteriosamente feliz (2008), donde nos describe así la vida:

“Han pasado muchos años
y, mientras tanto, la vida
ha sido un largo concierto
que ha dejado partituras
y atriles como alambradas,
dispersos, abandonados,
en el lugar del combate.”

Entre aquellos compañeros de combate se encuentran sin duda los saxos de John Coltrane y Charlie Parker. Al primero le pregunta:

“He recordado tus moradas manos
sobre el saxo con una luz de sótanos.
¿De dónde sale esta música,
el vacío que sopló tu boca
y que habla con mi soledad?"

(Edad Roja, 1989).

El segundo, un Charlie Parker heroinómano y genial, protagonizará su poema “Loverman”, escuchado, en una suerte de ensoñación nocturna, por el mismo Baudelaire:

“Por ello, Parker deja en este Loverman
que el saxo nos conduzca tras la sombra
de una mujer que baila con los ojos cerrados
y abrazada a nadie, en la oscuridad”

(Los motivos del lobo, 1993).

Con todos estos grandes músicos el poeta formará su particular quinteto de jazz:

"con los húmeros llenos de pinchazos,
sigo siendo el mejor entre los saxos altos.
Se parece a la vida: otra vez
llevo a Art Blakey a la batería
–voz de pozo–, la música callada
y negra de Bud Powell, el maligno
sonido de Miles Davies, tú al bajo.
Formamos el quinteto
más brillante de entre los muertos"

(Aguafuertes, 1995)

La música: un consuelo para la ausencia

La música es así para Margarit “un placer maldito” (Los motivos del lobo, 1993), también ligado a la pérdida. Las ausencias de sus poemas estarán colmadas de música y, cuando no sucede así, el silencio mismo adoptará la forma de un objeto musical, tal y como acontece en No te veré más:

“Es la piel violeta de una noche
que dejamos pendiente.
Y tu silencio suena como un saxo
de oro negro en el fondo de los días sin ti. […]
No queda más que, al piano, un negro ciego:
nuestro amor”.

Por esta razón la música será la protagonista de su libro más conmovedor, Joana (2002), escrito en los últimos meses de vida de su hija. En el poema inaugural, su amigo Pere Rovira hace de ella fuente de consuelo para la más dura de las pérdidas:

“Música del amor, que te escondías
en sitios negros, dulces, como rosas del jazz,
enciende el día azul, extiéndete debajo de los pinos
y haz que brillen las flores, los muros y la tierra […]
Música santa, hazle compañía,tú que vienes del otro mundo
 al nuestro,
tú que ya sabes cómo es su silencio”

(Joana, 2008).

Margarit dirigirá su oído hacia los compositores clásicos para hallar ese consuelo necesario. Escucharemos así desde Beethoven, imagen sonora de la verdadera poesía que reside en su propia escucha interior –“Hay otra poesía, la habrá siempre, / igual que hay otra música: la de Beethoven sordo. / Cuando se pierde la señal”–, a músicos contemporáneos como Miczyslaw Weinberg, Ligeti o Gubaidúlina, pasando por Tchaikovsky o Shostakovich.

Pero de entre todos ellos destacará la figura de Bach a partir de dos grandes intérpretes sin parangón. El primero de ellos fue Glenn Gould –“para el cual / Bach debió saber que componía” (Estación de Francia, 1999)–, y para quien Margarit compuso el bellísimo poema “Glenn Gould: la despedida”:

"Sus manos en el espejodel Steinway continúan
tocando y él ya no está.
Canturrea todavía
como lechuza en la noche.
Bach ya nunca será igual.
Hoy, en una limousine
con cromados de olvido,
pasa entre los bosques nevados
el ataúd de su música.
Un Steinway en la niebla
hoy suena sin su pianista:
la muerte, en el crematorio,
de pie en el césped negruzco,
de frac y con ojos turbios,
escucha las “Suites inglesas”

(Estación de Francia, 1999)

Y siempre, junto a él y su dolor, el violonchelo de Lluís Claret, a quien dedicará el poema “Lluís Claret: Tres Suites (2-IV-92) (Los motivos del lobo, 1993) desde la admiración de la sombra de Pau Casals. Será la música del cellista andorrano quien pronuncie la última despedida a Joana en el poema “Mañana de domingo con música de Lluís Claret”:

"Ha salido Lluís al escenario
con el violoncelo. Le oiremos pronto
tocar el «Aria pastoral» de Bach
para decirte adiós en Montjuïc.
Para saber a dónde vas,
seguiremos el rastro de la música"

(Joana, 2002)

Joan Margarit, ¿dónde te encontraremos?

Hoy el poeta descansa junto a su amada hija –“Ser su padre ha significado estar siempre junto a lo más delicado y bondadoso que puede ofrecer la vida”–. Antes de partir nos dijo bien dónde deberíamos buscarlo, al confesarnos dónde iría en su poema “Última noticia”, de Cálculo de estructuras (2006). Hoy Joan Margarit habita esa otra música del cielo:

"La puerta cuarteada, vieja y sucia,
que me dispongo a abrir no dará al Paraíso.
Me inclino por la música. La prefiero a la vida."

Valgan hoy estas apresuradas notas para homenajear a este gran poeta. Aunque hemos citado solo poemas suyos en castellano, no podemos olvidar que su poesía es perfectamente bilingüe castellano-catalana.

Reflexiones invernales (18)

Nos sabe mal por escaso lo que escribíamos últimamente sobre Caledonia como hogar de regreso y como música evocadora. No en vano nos traía al recuerdo aquel viaje, ya lejano, del Coro a Escocia con todo lo que aportó a nuestra convivencia, a nuestro registro de paisajes y a nuestra capacidad de comunicación musical.

Por eso, hoy queremos volver a ello, aunque solo sea por rellenar positivamente el posible espacio que la distancia impuesta arriesga a dejar vacío. Para intentar conseguirlo no mencionaremos de nuevo lo que ya en estas páginas hemos escrito hace tiempo a propósito de la Canción “Auld Lang syne”. Recurriremos, en cambio, a la mención de otra canción escocesa que el autor de estas líneas aprendió hace tiempo y que recuerda haber tarareado a John en Stirling sobre el cercano y bellísimo “Loch Lomond” al que nos acercamos entonces. Al oírla, John, nos advirtió: “No. Así no. Es mucho más lenta”.

Leyendo la letra y escuchando varias versiones de la canción surgieron irresistibles emociones:

By yon bonnie banks and by yon bonnie braes,
Where the sun shines bright on Loch Lomon'.
Where me and my true love were ever wont to gae
On the bonnie, bonnie banks o' Loch Lomon'.

Chorus:
O ye'll tak' the high road and I'll tak the low road,
An' I'll be in Scotland afore ye;
But me and my true love will never meet again
On the bonnie, bonnie banks o' Loch Lomon'.

'Twas there that we parted in yon shady glen,
On the steep, steep side o' Ben Lomon',
Where in purple hue the Hieland hills we view,
An' the moon comin' out in the gloamin'.

(chorus)
The wee birdies sing and the wild flow'rs spring,
And in sunshine the waters are sleepin';
But the broken heart it kens nae second spring,
Tho' the waefu' may cease frae their greetin'

(chorus).

Una traducción castellana un tanto precipitada podría ser esta:

“Por aquellas bellas riberas y por aquellas bonitas laderas
donde el sol brilla en el Lago Lomond,
donde mi fiel amada y yo pasábamos a menudo
en las preciosísimas orillas del lago Lomond.

(Coro):
Oh tú tomarás el camino alto, yo tomaré el bajo,
y yo llegaré a Escocia antes que tú.
Pero mi fiel amada y yo nunca nos volveremos a reunir
en las bellísimas orillas del lago Lomond.
En aquel sombrío valle fue allí donde nos separamos,
en las escarpadas y empinados laderas del monte Lomond,
viendo la tonalidad púrpura de las colinas Hieland,
y la luna saliendo al anochecer

(Coro)
Los pequeños pájaros cantan y las flores silvestres florecen
y en el amanecer las aguas están durmiendo,
pero el corazón roto no conoce una segunda primavera,
aunque su saludo maravilloso puede dejarnos un fondo agradable'

(Coro)

Se desconoce el nombre del compositor y hay varias interpretaciones del sentido de la canción, aparte de la alabanza de la belleza del paisaje. La más extendida es esta:

La canción fue escrita al parecer por un joven soldado a su novia. Dos soldados fueron capturados en Carlisle después del abortado levantamiento de 1745. Uno de ellos escribió la canción, el otro fue puesto en libertad y fue devuelto a Escocia para encontrarse con su enamorada. El camino bajo se refiere a la muerte inminente de uno de los soldados y la marcha de su espíritu, mientras que el camino alto es, o bien el signo de la esperanza por la que sacrificó su vida o bien el camino real de vuelta a Escocia por las escarpadas colinas. En consecuencia, el alma del primero volverá por el camino más corto y estará de vuelta en Escocia antes que la del otro.

Podemos ver y escuchar algunas interpretaciones en:

La versión coral más conocida es de Ralph Vaughan Williams con barítono solista:

Queden en estas líneas tanto nuestro recuerdo como nuestra esperanza en el regreso más favorable a la actividad habitual anterior a esta amenaza vírica que nos acosa.

Reflexiones invernales (17)

Pasan los días de esta extraña evolución que la pandemia nos impone. En ellos hay momentos que queremos evocar como nostálgicamente acogedores. Las líneas siguientes responden a una de esas situaciones.

Comparte Luis Reinaldos con nosotros esta canción, con letra y música de Dougie MacLean y el arreglo coral de Blake Morgan:

Para entender el significado de esta canción copiamos de Wikipedia:

“Caledonia (del galo y britónico caled, que ha dado kalet, «duro», en bretón) es el antiguo nombre latino de Escocia. Designaba la parte de Britania al norte del muro de Adriano, y después del de Antonino. Nunca fue conquistada por los romanos, ni siquiera la expedición militar de Cneo Julio Agrícola consiguió someter el país. Por consiguiente, nunca formó parte del Imperio romano.

Según Tácito, una flota romana la circunnavegó, verificando así el carácter insular de Britania.1​ En la actualidad designa a una comarca septentrional del Reino Unido, en Escocia, al norte del istmo comprendido entre los estuarios del río Clyde y del Forth.

Los pictos o caledones, que habitaron este país hasta el siglo VII eran, con toda probabilidad, un pueblo aborigen preindoeuropeo.

A raíz de ser conquistada por los escotos, el nombre devino en Scotia, que dio al español el topónimo Escocia.”

La canción viene a ser un nostálgico recuerdo de antiguos sitios en que fuimos felices partícipes de amigos y paisajes que nos hicieron llegar a lo que hoy somos. La letra viene a expresarlo así en una traducción más libre que exacta que hacemos:

“No sé si puedes ver cuánto he cambiado
últimamente. Temía alejarme
y por eso contaba antiguos cuentos,
cantaba las canciones que me hicieran
pensar en el lugar del que venía:
Motivo por el cual parezco hay tan lejano.
Pero deja que te diga que te amo, y siempre pienso en ti.
Me llamas, Caledonia y hoy regreso.
Tristísimo estaría si en ti fuera extranjero,
pues Caledonia es todo cuanto tuve.
Viajé sin descanso, comprobando los puntos necesarios,
perdí antiguos amigos pero encontré otros nuevos.
Intenté e intenté. Sin duda había sueños ya robados.
Viajé sabiendo que el viento me llevaba.
Estoy sentado ahora ante el fuego, el cuarto vacío, el coro del bosque.
Las llamas no pueden elevarse más. Crecen a veces, otras se apagan,
pero creo firmemente que el camino ya está libre y sé lo que mañana haré.
Cuando haya dado ya la mano y los besos hayan pasado
desapareceré.
Me llamas, Caledonia y hoy regreso."

Una  bella canción virtualmente ejecutada con la colaboración de muchos cantantes que han querido acompañarnos de corazón en estos momentos que, sin duda, necesitamos.

Nunca nos falte una Caledonia de hermosos recuerdos que nos acoja y entibie.

Reflexiones invernales (16)

Desde hace ya casi medio siglo conservamos un curioso libro con el título en español “El Hombre” traducido por Salvat del original sueco “Se Människan” publicado por Alberts Bonniers Förlag en 1973, en Estocolmo.

En él vemos esta impresionante foto de una glándula sudorípara humana, obtenida con un microscopio electrónico de barrido a 3.500 aumentos y coloreada para acentuar los contrastes. En ella pueden verse en color verde unas bacterias bien protegidas allí de casi cualquier sistema que pudiera eliminarlas. Aprovecharán cualquier debilidad de la piel para penetrar a su través en el cuerpo humano.

Entonces no era posible obtener imágenes de organismos más pequeños que las bacterias, pero, posteriormente, la incansable investigación consiguió fotografiar unos seres, parásitos de las bacterias y de las células, que llamaron virus:

En los virus, tras sucesivos aumentos, delimitaron protuberancias de proteínas mediante las cuales conseguían infectar tanto a bacterias como a células humanas:

La investigación científica logró empequeñecer su enfoque aún más hasta el tamaño de la proteína S y su ARN mensajero como modo de remedar el sistema de invasión celular que utiliza el virus para infectar al organismo humano. Así se elaboraría una reacción controlada de la célula e intentar con ella producir anticuerpos para defenderse de dicha invasión vírica. Así se han conseguido las vacunas Pfizer y Moderna cuya inoculación masiva se va intentando ahora.

Si leemos el contenido de

https://cienciasnaturales.es/coronavirusescalas.html

seremos capaces de entender lo lejos que se encuentra todo este mundo ultramicroscópico de nuestra comprensión experimental inmediata y que solo una reflexión profunda puede acercarnos a él.

Los pocos lectores que hayan llegado hasta el final de los párrafos precedentes se preguntarán con razón qué tiene que ver todo ello con una página dedicada a la actividad casi inactiva actualmente de un coro autodenominado “Amigos que cantan”.

Quien esto escribe, sin embargo, quiere transmitir a los aficionados a la música la importancia de la inmersión en lo más pequeño para llegar a controlar lo grande.

En efecto, si hablamos de sentimientos, emociones, entusiasmos, desalientos o cansancios como expresión de lo “grande” que queremos controlar, podríamos seguir el mismo camino controlador que hemos expuesto anteriormente con el tema del coronavirus: hacerse ultramicroscópicamente activos para vacunarnos contra el descomunal acoso del cansancio que podría derrotarnos.

Sugerimos una terapia que comience con una audición o, mejor, con una contemplación también visual de una obra musical de nuestro gusto, capaz de emocionarnos. Vayamos después a todos los detalles casi inapreciables que pudieran conmovernos: la expresión del director de la obra pretendiendo transmitir a sus dirigidos lo más profundo de la música que interpretan; la ejecución milimétricamente exacta de los instrumentistas; la conjunción armónica inmediata y secuencial de todo el conjunto; el resultado total logrado; el impacto interior que nos suscita y que fomentamos…

Quizás sea mucho pedirnos, pero las aparentemente insuperables circunstancias que nos acosan requieren un esfuerzo individual que vaya del detalle al triunfo mediante el manejo de lo pequeño hasta abarcar lo grande.

Vacunarse y vencer es asunto de tejer puntadas detalladas para lograr tejidos espectaculares.

Es el trazo diminuto del pintor que acaba consiguiendo un cuadro insuperable.

Os invitamos a escuchar (pulsad en el subrayado Watch in You Tube) esta segunda sinfonía “Resurrección” de Gustav Mahler, dirigida por Claudio Abbado (no os perdáis sus gestos), con la parte coral a cargo del Orfeón Donostiarra (disfrutad de su perfección coral) e interpretada por la Orquesta del Festival de Lucerna en 2003.

Seguid la letra en las partes correspondientes (Os la copio de Wikipedia):

“Texto

Los textos para las partes cantadas de la sinfonía son de diversa procedencia. El del cuarto movimiento Urlicht (Luz prístina) proviene de la famosa antología de poesía folclórica alemana Des Knaben Wunderhorn (La trompa (o cornucopia) maravillosa de la juventud), del que Mahler musicalizó varios textos) publicado y revisado por Achim von Arnim y Clemens Brentano. El del último proviene de la mencionada Auferstehung de Klopstock.

MahlerSecondSymMov4AltSolo.png

Urlicht – Luz primera

O Röschen rot! – Oh rosita roja!

Der Mensch liegt in größter Not! – El hombre yace en el mas hondo sufrimiento!

Der Mensch liegt in größter Pein! – El hombre yace en la mas honda pena!

Je lieber möcht’ ich im Himmel sein. – Preferiría estar en el cielo

Da kam ich auf einen breiten Weg: – Llegué a un ancho camino:

Da kam ein Engelein und wollt’ mich abweisen. – Apareció un angelito que quiso detenerme.

Ach nein! Ich ließ mich nicht abweisen! – Ah, no! Nada me detendrá!

Ich bin von Gott und will wieder zu Gott! – Provengo de Dios y hacia Dios volveré!

Der liebe Gott wird mir ein Lichtchen geben, – Mi querido Dios me proveerá una lucecita,

Wird leuchten mir bis in das ewig selig Leben!- Que me conducirá a la vida eterna!

Las primeras ocho líneas fueron tomadas del poema “Die Auferstehung” (La Resurrección) de Friedrich Gottlieb Klopstock. Mahler omitió las últimas cuatro líneas de este poema y las reescribió él mismo (Desde “Oh, créelo…”).

Resurrección

Coro, Soprano

¡Resucitarás, sí resucitarás,

polvo mío, tras breve descanso!

¡Vida inmortal

te dará quien te llamó!

¡Para volver a florecer has sido sembrado!

El dueño de la cosecha va

y recoge las gavillas

¡a nosotros, que morimos!

Contralto

Oh, créelo, corazón mío, créelo:

¡Nada se pierde de ti!

¡Tuyo es, sí, tuyo, lo que anhelabas!

¡Lo que ha perecido resucitará!

Soprano

Oh, créelo: ¡no has nacido en vano!

¡No has sufrido en vano!

Coro

¡Lo nacido debe perecer!

¡Lo que ha perecido, resucitará!

Coro, Contralto

¡Deja de temblar!

¡Prepárate para vivir!

Soprano, Contralto

¡Oh, dolor! ¡Tú, que todo lo colmas!

¡He escapado de ti!

¡Oh, muerte! ¡Tú que todo lo doblegas!

¡Ahora has sido doblegada!

Coro

Con alas que he conquistado

En ardiente afán de amor,

¡levantaré el vuelo

hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo!

¡Moriré para vivir!

Coro, Soprano, Contralto

¡Resucitarás, sí, resucitarás,

corazón mío, en un instante!

Lo que ha latido,

¡habrá de llevarte a Dios!”

Lo dicho: de lo poco a lo mucho.

De lo pequeño a lo grande.

De lo microscópico a lo gigantesco.

De la infección a la vacuna.

Reflexiones invernales (15)

Indiscutiblemente, las tristes e inevitables circunstancias actuales, tan implacablemente propiciadas por el coronavirus causante de Covid-19 nos proporcionan innumerables ocasiones de reflexión pausada. Superponerse a sus aspectos más ingratos es algo que tenemos que imponernos si queremos salir indemnes de tan gran amenaza, y máxime si queremos aprender de todo ello para nuestro enriquecimiento personal.

A este propósito vienen encaminadas las actuales líneas aprovechando una notificación sobre un programa televisivo que TVE 2 ha retransmitido hace un par de días y que puede volverse a ver en hasta el 28 de febrero próximo en

https://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-documentales/inteligencia-artificial/5774159/

Aparentemente tiene poco que ver con música y mucho que ver con la realidad tan prometedora como amenazante de los algoritmos que conforman la llamada Inteligencia Artificial que pretende controlarnos, servirnos y aprovecharse de nosotros. Se trata de una hora de concienciación, cuya visión recomendamos, que podemos aprovechar para instruirnos y no dejarnos que nos someta irremediablemente.

Sin embargo, casi inobservada por imperceptible, la banda sonora musical del programa proviene del arte de nuestros queridos Solimusici, Músicos para la Paz y, por tanto, de la impagable labor de su fundador y sustentador, Juan Carlos Arnanz, tan cercano a nosotros por múltiples motivos.

Conscientes como somos de que las exigencias de un programa divulgativo no dejan disfrutar adecuadamente de la interpretación musical que aporta su banda, proponemos el recuerdo entrañable de aquella actuación en que tomamos parte hace ya más de siete años. Éramos evidentemente más jóvenes y, quizás, más ilusionados. Razón de más para volver a ello como fuente de aliento actual que nos ayude a superar posibles desalientos.

Se pueden disfrutar en

https://www.rtve.es/alacarta/videos/los-conciertos-de-la-2/conciertos-2-voces-para-paz-2013-parte-1/1826469/

y en

https://www.rtve.es/alacarta/videos/los-conciertos-de-la-2/conciertos-2-voces-para-paz-2013-parte-2/1838807/

No os arrepentiréis de recordar aquellos momentos.

Reflexiones invernales (14)

Hablábamos en las dos últimas entradas de violonchelos, de dos virtuosos de su manejo, de silencios y de paz. Pero todo quedaría incompleto si no dejáramos constancia de una referencia imprescindible dentro de este tema: la de todo un gigante musical llamado Juan Sebastián Bach.

No ha sido este genio ajeno a nuestra actividad coral en múltiples ocasiones en las que hemos recurrido a él para proclamar la hondura de su fe y la belleza del contrapunto de su manifestación musical. Baste recordar esta interpretación de la suite tercera para cuerda que escuchábamos a Músicos para la paz hace poco más de doce años:

o este recuerdo que traíamos con motivo de la muerte de Marisa:

Komm süßer Tod, komm selge Ruh!   ¡Ven, dulce muerte, bendito descanso!
Komm, führe mich in Friede,              Ven, condúceme a la paz
weil ich der Welt bin müde,                 porque estoy cansado del mundo,
komm, ich wart auf dich,                    ven, te espero,
komm bald und führe mich,                ven pronto y llévame.
drück mir die Augen zu                       cierra mis ojos.
Komm selge Ruh!                               ¡Ven bendito descanso!

También de esta versión para bandurria del Preludio de la Partita n° 3 en Mi Mayor:

o este Sanctus:

O estas peculiares versiones de Noah:

O, finalmente, esta inolvidable Cantata:

Sin embargo, el lazo que queríamos establecer con las anteriores entradas tiene que ver con Pau Casals tanto como con Bach. En efecto para el insuperable virtuoso del chelo no hay mejor recuerdo que las suites para violonchelo del genial músico alemán.

No es fácil recomendar la audición completa de las seis suites, debido a su duración. Pero si alguien, en medio de este vertiginoso mundo que se nos impone, es capaz de aislarse y escucharse escuchando durante algo más de un par de horas una irrepetible belleza musical, relájese y olvide otros cuidados aquí:

Pero, dado que lo mucho es enemigo de lo bueno, no será inútil quedarse solo con el preludio de la primera suite que también puede escucharse aquí:

Nosotros, sin palabras ante tan alta música, tras haber pasado por toda la que hemos citado (de algo tendría que valer la extensión del alba) balbucimos apenas:

“En la honda disyuntiva de elegir
entre jaula y vuelo como sendas únicas
quizás existiría algo intermedio:
el vuelo sin cerrar la puerta de la jaula
por si queremos descansar en ella
cuando estemos cansados de volar.”