El tiempo pasa porque todo cambia.

A veces con rapidez como un relámpago,

otras con lentitud de estalactita.

En uno y otro caso lo contamos

para sentir que no permanecemos

inmóviles estatuas inmutables.

Eso es lo que nos proporciona el tiempo:

sentimos pasajeros transportados.

Un nuevo mes nos da su nuevo nombre

para que no dejemos que se pierda

en fútiles olvidos no anotados. (1-11-21)

Centenares de veces ha dado nuestro planeta su giro acostumbrado alrededor de nuestro sol desde que los romanos dejaron de contar los periodos de dicho giro según el calendario romano para pasarse el gregoriano actual. En él conservamos aún el número nueve del antiguo calendario (november), aunque con los treinta días del actual.

La verdad es que todas estas consideraciones no suponen más que una llamada de atención al hecho de que nuestra vida está compuesta de pasos que no pierden su anclaje en la historia que nos ha traído hasta aquí.

Por todo eso somos conscientes de que nos incorporamos al nuevo mes con el compromiso de seguir cultivando nuestra afición musical basada ahora en los villancicos que preparamos. Seguiremos, pues, en ese empeño que nos hace sentirnos con un propósito enriquecedor para nosotros que lo asumimos y para los otros para quienes vamos a interpretarlos en su día.