Queden para críticos, analistas musicales y especialistas los comentarios profesionales y quédese para nuestra modesta aportación el privilegio del comentario parcial, próximo, entusiasta e íntimo por parte de quienes nos consideramos fervientes seguidores de esta Fundación ORCAM que tantas satisfacciones nos suministra cuantas veces hemos tenido el privilegio de escucharlos en directo.

La virtud de una actuación coral estriba, además de en su perfección técnica, en su capacidad de suscitar emociones no habituales en medio de tanta mediocre secuencia de acontecimientos como la actualidad suele depararnos. A dos emociones de estas queremos referirnos en estas modestas, pero hondamente sinceras, líneas con que queremos agradecer la grandeza del espectáculo que ayer el Coro de la Comunidad de Madrid supo brindarnos.

La primera se refiere a los paisajes que solemos contemplar en nuestro azaroso discurrir por los variados escenarios de la vida. Estos, además de su percepción inmediata, pueden abrirnos otros horizontes en los que habitan recuerdos, historias, pasadas impresiones e impactos vitales. En todos estos horizontes el ánimo adquiere alturas inusuales que solo raramente pueden conseguirse.

La segunda emoción estriba en la cercanía de algunos componentes que. como es el caso de nuestra directora Vicky, nos hacen mucho más receptivos a la belleza de la música que escuchamos.

Pertrechados con tan sólidas bases, la actuación de ayer nos elevó por encima de cuanto suele ser habitual en otras audiciones. La música y los textos litúrgicos de Stravinsky y Schnittke, de Pärt, Poulanc y Britten sonaban esplendorosamente emotivos como un vuelo sobre el peso de muchas cargas con que la actualidad nos grava. El acompañamiento del órgano y la belleza de las voces solistas pusieron su soplo de claridad y aliento a nuestra atenta escucha. Fue como un revivir del sentimiento histórico-religioso de las tradiciones con que la humanidad ha intentado transcender sus vivencias habituales mediante textos entrañables y que no pocas veces han enriquecido nuestro pasado.

Un tesoro de nostalgia de lo vivido y una luz esperanzada hacia lo por vivir es el poso dejado por la acordada armonía que ayer el Coro de la Comunidad nos regaló.

Gracias.